domingo, 4 de enero de 2026

COLMILLOS DE METAL

Cubierta de Colmillos de metal



COLMILLOS DE METAL

texto de Fernando Figueroa



SINOPSIS: Febrero de 1985. Cada vez aparecen más y más yonquis muertos en las calles. Uno de ellos es un colega y vecino de Tralla, un baterista de heavy metal y seguidor de Aleister Crowley, que tratará de desentrañar el misterio que hay detrás. Guiado por la Providencia trazará un plan para capturar al culpable, que sólo podrá llevar a cabo con la colaboración de sus amigos. Juntos o por separado, se enfrentarán al mal que anida en la noche y que amenaza con devastar Madrid. A ritmo de sexo, drogas, rock y magiak, descubriremos la historia oculta de Vallecas.


En este mes de enero dará a luz una nueva entrega de la serie Historias vallecanas, compuesta por Pentesilea y Expediente Bélmez. Esta vez, estamos en 1985, época de carnavales, y la acción se ubica en varias localizaciones de Madrid: Entrevías, Palomeras, Cascorro, Huertas, Retiro... Volvemos a tener de protagonista a Tralla, nuestro baterista jevi favorito y magok trillado en mil batallas. Con sus problemas propios, que si la banda, que si el curro, que si la familia..., más una sombra oscura que recorre el barrio y amenaza a la humanidad con un antes y un después.

El lector verá una novela que combina novela urbana, novela de misterio y novela social, más cierto toque de tragicomedia y tono picante ocasional. A diferencia de Expediente Bélmez —con la que entronca, pues es continuación—, muy concentrada en un epicentro concreto del barrio de Entrevías y sus casas bajas, Colmillos de metal nos lleva de aquí para allá porque la acción se amplía conforme a lo que exige un suceso con muchas implicaciones. Hay muertes, policías, yonquis, rockeros, guiris, retornados, peleas, rituales, ensayos musicales, tardes y noches de bar, comidas, ventas, reuniones, carreras, vuelos, sueños y pesadillas, sexo, visitas culturales, sesiones de dormitorio, consultas profesionales, brujas, vampiros... Vaya, que no te aburres en lo que se dibuja como una urban odyssey o city opera entre lo castizo y quinqui.

En cuanto a personajes, volvemos a ver a los colegas del Tralla (Puri, Pegaso, Fede, Sebas...), están las hermanas Castillo, la familia del namberguán (su madre, su abuelo, su hermana Mónica, conocemos al fin a su padre camionero), los compañeros de Bambú Vudú (Perico, Kojak y Herrera), a su jefe Manuel Walpurgis, etc. Hasta me he permitido incluir a mi antiguo instituto y a alguno de sus profesores (la de Griego, el de Historia y el Jefe de Estudios) como cameo de honor. Como se puede entrever, hay un gran despliegue de personajes y, por supuesto, unos cuantos de sus inevitables ligues, aunque puede decirse que nuestro Tralla no está pasando por una buena racha en lo que respecta a su faceta amatoria. Está un poquito de baqueta caída el muchacho, deprimío como se suele decir. Esperemos que supere el bache por la cuenta que le trae.

Metiéndonos ya en el meollo aventurero, el problema al que le toca enfrentarse esta vez es morrocotudo. Un montón de yonquis están apareciendo muertos en extrañas circunstancias, entre ellos un vecino y amigo desde la infancia. Pese a la alarma social, parece que a las autoridades les importa un bledo este suceso, incluso se diría que se felicitan de que pase, pero Tralla no puede dejar pasar la obligación de conocer cuál es la causa de esta masacre silenciosa y combatirla bajo la sospecha de que algo paranormal se esconde detrás. Por supuesto, por mucho que maneje la magia, para conseguir su objetivo tendrá que echar mano de los colegas, lo que demuestra, una vez más, que la unión hace la fuerza y que, aunque el éxito jamás esté garantizado, tanto la derrota como la victoria tener compañía cuenta para bien.

Respecto a las posibles influencias, invoquemos a la Hammer más gamberra o la Amicus más suburbial, al Carpenter más urbano o el Corman más de serie B, al terror cómico de los ochenta recordemos Vamp de Richard Wenk, al deseo de trasladar las producciones literarias o fílmicas localizadas en otras épocas o ciudades extranjeras a un humilde barrio obrero del coso ibérico de los años ochenta. Evidente es también el diálogo que establezco con una de las etapas más tristes y oscuras de mi barrio: el azote de la heroína que arruinó y segó la vida de cantidad de jóvenes en los primeros años de la democracia y que contrajo una serie de problemas añadidos (incremento de la delincuencia, la expansión del sida y otras enfermedades) o reacciones (la movilización de las madres contra la droga, las patrullas vecinales) y sumó otra generación perdida a las muchas que ha habido en la historia de la humanidad por el interés insano de gente que busca hacer negocio a costa de la salud, la vida y la libertad de otros.

Pese a lo amargo, he disfrutado de nuevo mucho recordando aquellos años que viví de adolescente con mirada creativa y recreativa, y enfrascándome en las labores de documentación histórica y legendaria. El hilado de la trama y las subtramas ha sido laborioso a veces y ha habido momentos serios de bloqueo, tijera y reescritura. Espero que no se me haya pasado nada chocante en el pulido y puesta a punto de esta historia autoconclusiva que seguro que gustará al lector que ya debe de estar habituado a mi estilo y tono o del que ansía conocerlo.

Finalmente, como vivimos en un mundo cosmopolita y con un acceso asequible a la cultura para todas las clases sociales, el lector se topará con expresiones en otras lenguas que no son el castellano,—y no me refiero al vallecano—. Mi consejo es que las traduzca, que se imagine lo que dicen o que las ignore por completo para disfrutar más del misterio. No se puede hacer otra cosa. En la vida misma suele pasar lo mismo.

Sin más, no me queda otra cosa que desearos que la disfrutéis, la leáis de día o de noche, y aconsejaros que os tapéis el cuello tanto en invierno como en verano, por favor. No solo para no coger frío, sino para no perder el calor.



Castellano

284 páginas
15,24 x 2,08 x 22,86 cm
Tapa blanda y Kindle




Entrevista






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