jueves, 30 de julio de 2026

RESCATANDO ENTREVISTA





RESCATANDO ENTREVISTA

Yolanda T. Villar y Fernando Figueroa



Hace semanas os compartí mi chasco al comprobar la desaparición del blog literario y teatral El Gato Trotero, cuya capitana había conectado tan bien con mi literatura que me estuvo apoyando dándome visibilidad entre sus seguidores. 

A Yolanda nunca la conocí en persona. Me la presentó digitalmente otra colega escritora, Ana Belén Rodríguez Patiño, en la confianza de que podrían gustarle mis libros de la serie de las mujeres-globo. No se equivocó: ¡le encantaron! Al tiempo, me hizo una entrevista. Quería que la gente supiese de mi talento y de esas criaturillas que flotaban por el viento para librarnos de tormentos.

Con la serie de Harry Maesnow y Molly Grapes, renové su interés por mis textos. No era raro, pues siendo amante del teatro y las novelas de misterio, históricas y románticas, era jugada ganadora. Pero... Solo leyó la primera. No pudo leer la segunda entrega. Una desgracia, un problema de salud grave, la alejó de los blogs y le impidió seguir leyendo.

Por años se mantuvo activo el blog, que compartía con el que creo era su parejaAllí podían verse esas reseñas que me dedicó tan amablemente y también esta entrevista que rescato para que no se pierda, con algunas de las fotos que la acompañaban, hechas por otra amiga, fotógrafa e italiana, E-Lilith. Vale la pena leerla, aunque ya su contenido huela a ciberarqueología o a memorias de lo fue y de lo que no pudo ser.


ENTREVISTA CON… FERNANDO FIGUEROA


Bienvenido a nuestro Tejado, Fernando, en este peculiar callejón, un suburbio para marginales literarios, y lo digo con orgullo, gracias por formar parte de nuestra inmensa minoría —de momento—. ¿Cree usted que al lector hay que darle lo que pide o hay que enseñarle un amplio muestrario para que pueda elegir, y sobre todo, que sepa escoger?

El lector es un ser polimorfo, compuesto de muchas personalidades, formaciones, gustos y mundos interiores. Darle lo que pide no entraña trabajar para la uniformidad. Cierto que da la impresión de vivirse un sota, caballo y rey, y puede que interese a cierto sector mercantil reducir y compartimentar al público en bloques homologados y homogéneos; pero sabemos que hay lectores que no se sienten a gusto con las etiquetas existentes o con la fritanga literaria, por no hablar de la tendencia de algunos escritores por romper moldes, entremezclar géneros e innovar en formatos. Me identifico con todos ellos y las editoriales que apuestan por salirse de las convenciones. El lector debe ser ante todo un explorador, no un simple consumidor. El lector tiene derecho a pedir lo que le apetece, pero hay que facilitar que ejerza su capacidad de elección y que gobierne su apetito lector con criterio, consciente de que existen otras literaturas o estilos que no tienen hueco en los grandes escaparates. Mi instinto me dice que si hay autores libres habrá lectores libres, y viceversa.

Por otro lado, creo que no hay libro malo, si hay un buen lector que le sepa sacar el jugo. Ese es, para mí, el verdadero lector culto, el que es capaz de disfrutar de una rosa de la misma manera que mirando una piedra. Existe un lector malo, el que mastica perlas como si fueran altramuces, comulga con tochos de molino y encima cree que ha perdido el tiempo.

Escuché hace algún tiempo en una tertulia radiofónica, decir a un veterano escritor aficionado que los autores —independientemente de su talento— escribían para un primer mundo (literario se sobreentendía) pero eran leídos por un segundo o tercer mundo según si eran bautizados por un padrino pudiente o apadrinados por una ONG. Me encantó la metáfora. ¿Cómo ve usted actualmente el mercado editorial, hay submundos comerciales? ¿En verdad solo se bautizan los que tienen padrinos?

Para mí el mundo editorial sigue siendo un misterio y, cuando lo miro desde la barrera, no puedo evitar poner el cartelito de «aquí hay monstruos». Como en toda la industria y la institución cultural, se configura en una red de círculos sociales en los que juega un gran papel las relaciones públicas y, por tanto, el apadrinamiento sigue estando vigente para poder ingresar a cierto nivel, con lo bueno y lo malo que tiene. Personalmente detesto los paripés, por eso es maravilloso seguir encontrando oasis, divulgadores, editores o libreros que aman el libro y a la literatura y, por tanto, respetan a los creadores y apuestan por ellos y su obra: esos son los buenos padrinos.

Con todo, me siento cómodo con la autoedición. No es un reproche, aspiro a publicar en editoriales si la propuesta me convence, pero creo que existe una buena oportunidad histórica para que los autores participen activamente en el proceso de publicación. En este momento me encanta dar forma a la primera edición de mis textos. Se adecúa a mi ser artístico y, en parte, bebe del ejemplo de mi abuelo Eugenio. Él no pudo ir a la escuela, tenía que trabajar en el campo, pero fue capaz de escribir poesía, relatos y varias novelas. Por desgracia fue un escritor sin libros, porque cuando pudo publicar la censura franquista truncó su ilusión. Antes era muy difícil que te publicasen, pero eso no le detuvo. Se hacía sus ediciones con fotocopias y las encuadernaba a mano, contento de regalárselos a colegas, amigos, familia y vecinos, siguiendo la máxima «del autor al lector». Con tal ejemplo y los medios que hay, ¡cómo no autoeditarse hoy en día! Sin embargo, ahora el reto no es publicar, sino que el libro se distribuya y que se lea, sobre todo eso, que te lean.

Ahora que acabamos de disfrutar de las distintas ferias del libro, muchos autores y editoriales hacen balance, otros deberían hacer examen de conciencia, sobre el éxito de ventas o firmas, pero ¿actualmente son las ferias un trampolín o un escaparate? ¿Llegan a ellas los que tienen posibilidades de ventas o son las ventas durante las mismas las que marcarán el futuro inmediato del autor?

Tiene algo de reconocimiento, ilusiona formar parte, pero no creo que puedan considerarse las ferias como trampolines ni tampoco la mejor forma para conseguir ese feed-back que de verdad buscas, te retroalimenta y te impulsa a seguir. Me parece más eficaz y positiva la organización de festivales especializados, de encuentros literarios, mesas redondas o presentaciones con autores vivos (estaría chulo que se hiciera también con autores muertos, daría de comer a muchos actores), pues permiten poner cara, voz y más alma a los libros, y diluir la distancia entre lectores, autores y editores. Cuando se ve que tras uno y otra lado de la tramoya hay seres humanos las cosas se relajan y vibra la vida. Que alguien te pida que le dediques un libro, no tiene precio. Aunque sepa a poco, porque lo que deseas en verdad es que te comente cosas de su lectura. Se llama comunicación, compartir, completar el acto creativo, festejar la vida.

Sobre el tema de las ventas, todo lo que dices tiene cabida, sobre todo si hablamos en términos de negocio. Pero no podemos dejar en las ferias el futuro de un autor, sobre todo primerizo. Hay ahora otros frentes, como la exposición mediática. Creo que está tomando un gran peso y generando cauces alternativos, por ejemplo en Internet. Eso sí, exige al autor ciertas dotes sociales y conocimiento del medio. Ahí se camina en el filo de la navaja, pues saber en qué medida uno se está plegando a la industria del espectáculo depende de cómo se tengan asentados los pies en el suelo, comprenda lo lúdico de la aventura y mantenga una viva y constructiva actitud autocrítica.

Yo me contento con producir y compartir momentos bellos e intensos. Pensar en ganar dinero me bloquea. Necesito para crear, pensar con libertad. ¿Hay algún agente literario por la sala? ¿Un mecenas manirroto, por casualidad?

Licenciado en Geografía e Historia, sección Historia del Arte. Le confieso que he leído su tesis y mi primera sorpresa me la llevo al leer el título: El graffiti movement en Vallecas. Y no dejo de sorprenderme según voy leyendo y casi casi me encuentro con una novela negra neourbana más que una tesis. Creo que a estas alturas son pocos los que aún piensan que el graffiti no es un arte, pero ¿Es ya parte de la Historia del Arte? ¿Qué necesitaría para llegar a serlo? Y perdone mi curiosidad pero ¿Qué tiene este estilo de vida para atraer la atención de un licenciado en Arte?

Es parte de la Historia del Arte y de la Humanidad. Se puede discutir, pero no se puede ocultar. Su estudio me atrajo por lo que comporta de trabajo de campo, por exigir una exploración del entorno, abrir la mente a la inmensidad del hecho cultural y enfrentarse a los prejuicios y esquemas que se nos inculcan desde el olimpo de la alta cultura. Por lo que de quijote me toca, disfruto mucho velando por la comprensión y dignidad de algunos fenómenos culturales que me parecen muy frescos y naturales, y resaltar el aspecto humano de las cosas a través del ensayo. En el fondo me apasiona. Por ejemplo, en mis textos fantásticos suelo hacer algún guiño al grafiti. Me parece un aspecto además muy anulado en las novelas históricas o fantásticas, cuando ha sido de largo un medio de expresión muy común, aunque nuestra cultura lo considere algo exclusivo de nuestro tiempo o algo impropio o insignificante. Creo que en ese terreno se junta con muy poca sensibilidad la ignorancia y el prejuicio.

Al igual que otros movimientos artísticos, el Graffiti tiene sus matices, tiempos, estilos. ¿Estaríamos hablando de un género artístico en sí mismo o un subgénero? En los años ochenta se hablaba del graffiti como la auténtica voz y expresión del pueblo.

El tema es complejo, más si hablas con alguien que entiende el grafiti como una esfera de expresión en la que se remueven diferentes tipologías. Podríamos dejarlo en que el grafiti es un medio que ha dado lugar a la subcultura de los writers o escritores de graffiti y a un movimiento, desde el Writing al Aerosol Art. También se puede entender como un estilo gráfico-plástico, pero no es un género o subgénero, eso se deriva del análisis de sus contenidos, que tocan muchos palos, o de si surgiese algo llamado «literatura-grafiti», que podríamos presuponer próxima a un juego dadaísta, una escritura automática o un universo underground. Por cierto, ¿no has mentado a Reverte? Suele pasar últimamente cuando se habla de graffiti en los ambientes literarios.

Si hablamos de GLUB pensamos irremediablemente en hip-hop, al gran MUELLE se le identificaba con el pop-rock y la movida madrileña, HARING y los sonidos de los clubs nocturnos de New York, BANKSY y la cultura pop londinense. ¿Está irremediablemente unido el movimiento grafitero a la música? ¿Quién complementa a quién? Estaría bien una música salida única y exclusivamente del graffiti, algo así y perdone mi atrevimiento e ignorancia, ¿melografía?, y no vale reírse.

El grafiti es agitación, movimiento, ritmo, es lo que tiene ubicarse en la calle, escuchar el corazón y establecer un baile con las normas. La evolución del grafiti contemporáneo no se puede entender fuera de los parámetros del jazz, el rock & roll, la psicodelia, el rock urbano, el heavy metal, el punk, el hip hop… como diría Raimundo Molinos, es purita vida, jajá. Lo de melografía tiene su gracia, no puede negarse. Quizás el grafiti sea la excitación de la melanina urbana, las pequitas de un monstruo de hormigón que lo convierten en un ser simpático, inofensivo y entrañable. También puede ser la miel de lo cotidiano, chorreada sobre el pastel de asfalto que nos toca patear uno y otro día, y nos pringa con un extracto sucedáneo de esa naturaleza que añoramos como animales sentimentales. Uff, puede ser tantas cosas… Enchufa la radio que quiero pintar o escribir, que si no, no me sale.

Tres libros sobre el universo graffiti, un libro sobre la Venecia del siglo XVII y cuatro a cerca de las Mujeres-globo. Aparentemente nada que ver unos con otros, aunque ninguno de ellos entraría dentro de lo habitual en el mercado literario actual. ¿El Fernando escritor se sale de la norma por convencimiento puro, por casualidad o es algo premeditado y organizado? Y es que en este mundillo he visto de todo, nada me sorprendería.

Soy hijo de la posmodernidad. Me crie entre libros, tebeos y una televisión, la plastelina era mi juguete favorito, junto a un hermano con tanta o más fantasía, creatividad y arte que yo, en un barrio de periferia, entre la ciudad y el campo, en un tiempo de transición, en el que convivía la España feudal con una España que anhelaba ver llegar, con los ojos como platos, los prodigios del año 2000; así que soy una persona de frontera, con un raro sentimiento de universalidad. En esas cómo para estarme quieto en la era nuclear. Aunque esté sentado, mi mente no deja de enredar. Siempre me gustó imaginar, darle vueltas a las cosas, con conocimiento de causa y perspectiva de disfrute. En lo artístico prefiero confiarme a la intuición ilustrada que a la planificación sesuda. Me divierte más. Soy escritor de brújula y eso me permite que aflore mi personalidad en todo lo que hago. También soy un poco rebelde y cabezón, lo que no tiene precio para cambiar de rumbo, sorprender, y llegar a algún puerto, se llegue con la barca más o menos entera. Creo que un verdadero compromiso por la cultura implica amar y conservar la tradición sin ser esclavo del pasado y crear sin olvidar que la humanidad aún no ha dado todo de sí, aunque suela repetirse para lo bueno y lo malo, porque hay cosas que siempre funcionarán. No olvides tampoco que mi alma es de payaso y eso entraña jugar continuamente con las convenciones, cultivar la consciencia de la mecánica humana y social, darle alas a la mirada excéntrica y expurgar de lo humano lo negativo. La infelicidad no puede ser mi patria, si mi bandera es una sonrisa.

  

¿Cómo llegó usted al universo pompínico, Fernando? ¿Fue difícil coger semejante tema y manufacturarlo para convertirlo en un tema apasionante y atrayente al lector? Ha debido serlo pues uno no llega a escribir cuatro libros sobre el tema sin perder ni un ápice de interés por parte del público ni calidad por parte suya.

Vinieron caídas del cielo, un día, sin esperarlo. Abrí los ojos y ahí estaban, dándome capones en la loma de mi corazón. Las mujeres-globo son mi locura, las niñas de mis ojos. Hombre, son las hermanitas locas de una hermana mayor, Angelina Trisole de Ghiandachiara, que la tengo bastante olvidada, pese a tener en el cajón la tercera parte de sus aventuras. Nacieron de las ilustraciones que hacía para El libro de Angelina. Ellas me ayudan a mantener la esperanza en el ser humano, velan por mi vínculo con la Naturaleza, presiento incluso que me reconectan con mi paraíso infantil, con ese primer imaginario en el que las redondeces son la manifestación del paraíso.

Sobre la manufactura de sus historias, disfruto como un enano. Fluyen. Me ponen a prueba y sacan de mí al niño travieso y avispado que tengo dentro, desde el poso del adulto. Cierto que he tenido mis miedos. ¿Qué autor no los tiene cuando quiere hacer una obra que se entienda y toque de alguna manera al lector? Por otro lado, quiero que el lector encuentre contenidos que le nutran intelectual y emocionalmente, sin aburrirlo, que sean en un punto familiares, pero que le sorprendan. Creo que si el autor se divierte creando, conseguir que el lector disfrute es pan comido. Aparte, aunque me educaron a ver personas, cuando creo mis historias pienso mucho en la posible lectora. Es sólo un juego, un impulso más para crear, pero creo que la literatura se ha convertido en un mundo muy femenino (basta con darse un paseo por el mundillo) y me alegra mucho conseguir hacer vibrar, mental o cardiacamente, antes a una lectora que a un lector. Sé que muchos lectores heterosexuales y algunas lectoras me entenderán de sobra.

Corren malos tiempos para la cultura, tal vez no debería uno arriesgar y dedicarse a escribir lo que funciona, lo que vende. ¿Quién lo tiene más difícil en estos momentos, los artistas o los escritores? Si el libro está en crisis, la compra de Arte y la difusión no están mejor. ¿De quién es la culpa, si es que hay un culpable?, y por ende: ¿de quién es o dónde está la solución?

Toda la Cultura lo pasa mal, porque nuestro modelo social no está al servicio de los valores humanistas y del desarrollo pleno del individuo. Me muevo en varios ambientes (músicos, teatreros, ilustradores, pintores, investigadores, payasos…) y en todos se dice lo mismo: que si se hace de balde, que si se paga mal… que si un día consigues vender un cuadro a precio de fábrica o de amigo, que si tienes público para cubrir el gasto de vestuario y portes o que si te leen tres almas cándidas a las que les hayas regalado o vendido el libro, date por contento, que es un día grande. Por no hablar de la endogamia del arte o del mundo académico. El público-público, ajeno al sistema de formación, producción y exhibición, está en extinción. Ahí está ese gran peligro que parece mitigarse cuando se tiene la fortuna de situarse en el mainstream o entras en la esfera de los medios de comunicación, en fin, la sociedad del espectáculo. Bueno, sobra decir que ser periodista o salir en la tele facilita pisar con más holgura, sobre todo te favorece la promoción.

Nos libraríamos de muchos tormentos si existiese un público potente, extenso, frondoso y florido. Es la pieza clave y la más endeble ahora del armazón cultural. No es algo insignificante, porque en un contexto democrático, el déficit de un público cultural no se desliga del drama de una ciudadanía convertida en una masa de borregos, insensible a su entorno y presa de la satisfacción inmediata. Para el público que siente pasión, el dinero no representa un escollo, es una minucia. Lo vemos en otros campos, piensa sólo en lo que cuesta ir a ver un partido de fútbol o irse de tapas. Pasión y aprecio van de la mano, no importa que haya que poner guita para llegar a la Luna, acabar con una enfermedad endémica, llenar la casa de artesanías, gastarte la mitad del pan en libros. Si nuestra sociedad no mirase la cultura como a un bicho raro que da igual que se extinga, no haría falta protegerla mediante subvenciones o sobrevivir entregándose a clientelismos. Es un derecho social e individual, reconocido no por azar por las leyes contemporáneas.

Hay algunos artistas que han unido fuerzas y talento junto a escritores creando juntos obras plásticas y literarias magníficas, hay un maravilloso libro de escritoras y pintoras, por poner un ejemplo, que se llama El Arte no tiene nacionalidad y en el cual poetas y pintoras aúnan fuerzas y acompañan sus trabajos mutuos dándoles más repercusión. ¿El Arte deberá unirse a las letras para conseguir mayor profusión, será ese el futuro que le espera a ambos? Coaliciones hasta en la cultura para salir adelante.

Estoy a favor de la interdisciplinaridad, la cooperación, las colaboraciones, la ruptura de fronteras… sin que eso comporte perder el horizonte y mantener lo peculiar de tal o cual materia. Es aquello de juntos pero no revueltos, porque hay que saber cocinarlo. Aun así, me parece maravilloso cuando se hacen proyectos en los que se funde y confunde la autoría o se combinan diferentes artes con maestría. La mezcla fortalece, si ambos mundos entienden lo que puede aportar cada cual y la mejor forma de engranarse. La fórmula es consagrarse en el objetivo y echar por la borda los egos. Cierto que, cuando uno domina varias artes, intenta también combinarlas, porque enriquece, complementa y completa. Me encanta ilustrar mis libros, o «textuar» mis dibujos. Eso, junto al uso de pseudónimos, hacen vibrar los libros de una forma especial. Andan solos.

11) He leído de usted que tiene formación polifacética: historiadora-arqueóloga, gráfico-plástica, actoral-escénica, literaria y docente (conociendo su obra y proyectos se quedan cortos) y yo me pregunto ¿Y para cuando un Fernando músico-locura? llamémosle musíloco —por lo que encierra de atrevido y transgresor, que lo tiene—. Es más, ¿porqué no una música aérea para las pompinées? Y una quinta entrega, pues ya sabe lo que dicen, que no hay quinto malo.

Bueno, actualmente, estoy en la compañía Musiclown y le damos a la payasada a ritmo de musical. Somos un grupito talludito y, por tanto, muy ochentero. La música y el humor son un buen cóctel.

Las pompinas son ya muy musiquillas ellas, se criaron arrulladas por el viento entre las ramas. A veces, se pasan de zumbonas, pero va en su temperamento, no saben contenerse. Hacen tanto caso del qué dirán como del arroz de Catalina. Tan pronto pegan los labios y te hacen un bocca chiusa entre los rosales, que te chillan haciendo el indio encima de la lumbre. Se les perdona todo, porque no saben de culpas y sí mucho del cariño. Ahora si les da por ser ratoneras, ya puedes buscarte unos buenos tapones para los oídos que la cosa va para largo.

Sobre la quinta entrega, anda incubándose. Creo que será una historia unitaria, aún no sé en qué clave. Quién sabe. Quizás, algunos de los libros citados en la tercera o cuarta entrega. No sé. Ya sabes que es un proyecto con sus ramificaciones.

El futuro. Las nuevas generaciones. Los niños y el Arte. Los niños y la música. Arte y lectura como terapia, como enseñanza. ¿Qué porvenir le espera a la Cultura, serán estas nuevas generaciones un relevo, un soplo de aire fresco o el armagedón literario? ¿Las nuevas tecnologías harán de nuestros niños seres sin creatividad o todo lo contrario?

Soy un optimista nato, pero me aterra el futuro en esta encrucijada sin igual en la historia de nuestra especie y nuestro papel en la Tierra. Conocer al ser humano te inunda de fe y al tiempo te puede desesperar hasta la amargura. La tecnología no ha liberado al ser humano como habría sido deseable. Nos ha dado herramientas, como en su día la industria, pero seguimos presos de la economía, del trabajo como forma de subsistencia y núcleo de la actividad social, de la oligopolización mediática. Nuestro instinto gregario se ve manipulado, se nos separa en multitud de pseudoidentidades para luego reunirnos en masa, se nos convence de que necesitamos intermediarios, que seremos siempre incompletos, inmaduros, insatisfechos, se nos utiliza de mil maneras para el beneficio de unos pocos, esa panda de borregueros visibles e invisibles que no han pensado nunca en bajarse de la burra y trotar a nuestro lado como congéneres. Sin embargo, la misma creatividad humana podría salvarnos. Sólo hace falta cultura, corazón, determinación y consciencia de en donde estamos metidos y del infinito que nos rodea.

Nacemos para manipular la materia y explorar un entorno físico, desde nuestros cuerpos, no para estar encerrados entre cuatro paredes mirando una pantalla y agitando los deditos. No se puede castrar a un niño, sobredimensionando sus reflejos mecánicos, y podarlo al gusto de un mercado tecnológico que busca ampliar su cuota de negocio. Estamos jugando con un ser emocional por construirse, que ha de desarrollar sus capacidades en sociedad, desde lo sensorial y lo afectivo. Creatividad es hacer el amor con la materia y las ideas, transmitir la vida a lo que nos rodea. También es muy importante trabajar los vínculos intergeneracionales, para que cuaje la filantropía, y la tecnología está creando una fractura bestial. Una generación huérfana podría ser nefasto para el destino de la cultura, de la democracia, del planeta y de nosotros mismos como especie.

Muchas gracias por su tiempo, su talento y su obra, ha sido un placer inmenso conocerle y disfrutar de su obra y su persona.

Este Gato es su Gato. Para cuando quiera, los suburbios y arrabales literarios le esperan, y no olvide que con mucho orgullo. Gracias Fernando. Hasta pronto.

Igualmente, por dejarme trotear por estos lares gatunos, donde arte y literatura se dan la mano y se regalan un beso. Gracias de corazón.


Una entrevista de Yolanda T. Villar


Así acababa la entrevista. No recuerdo el año. Podría ser 2018. En todo caso, no importa la fecha, importa que poca gente presta atención a los principiantes y que conocí a una persona simpática y entusiasta, tenía una fan de rompe y rasga. Lo cierto es que sus reseñas nunca me reportaron ninguna venta —nunca pasa con las reseñas cuando no se es conocido—, pero supusieron un apoyo moral impagable que me hizo soñar con que algún día mis libros serían leídos por mucha gente desconocida pero amiga.



lunes, 27 de julio de 2026

¿QUÉ DICE LA CRÍTICA INDIE DE COLMILLOS DE METAL?

 




¿QUÉ DICE LA CRÍTICA INDIE

DE COLMILLOS DE METAL?

de Fernando Figueroa



Se publicó en enero de este año Colmillos de metal, una apuesta más en el género paranormal y urbano por mi parte, continuación de Expediente Bélmez. Por supuesto, impulsado por el hambre de notoriedad y de retroalimentación, emprendí la caza de reseñas. A ese efecto, escribí a varios blogs tras estudiar sus contenidos. Bastantes fueron a los que llamé y pocos los que respondieron a mi llamada y menos los que se leyeron el libro que les envié, por lo que solo he contado, tras medio año, con dos reseñas. No me quejo. Otros no tienen ninguna, lo sé, así que estoy bastante contento porque, además, han sido reseñas sinceras, de calidad, de mano de lectores asiduos, ávidos de novedades y serios en su modo de atender la literatura, apasionados de pasar páginas mientras ven pasar las imágenes por su mente y el recuerdo de otras lecturas precedentes, gente que no se vende ni al vil metal ni le gusta regalar los oídos por ganarse unos likes o unos seguidores. Se ve en el mimo de sus blogs, en la determinación de sus escritos.

Estos blogs que me atendieron fueron Interrobang y Adicta a los Libros. El primero centrado en la novela negra y demás parentela y el segundo, en diversos géneros, entre ellos el terror y el thriller. Sus responsables son Jordi y Alpispa. Veamos qué destacaron, tras su lectura y a su juicio, de esta novela de vampiros y jevis. Cabe señalar que las dos son igual de preciosas para mí, pues con buena intención e igual oficio comentan el contenido de mi novela, lo que es siempre una alegría y una lección bien recibida.


Definición

Es importante definir el objeto de estudio antes de su estudio como también el objeto de lectura después de haberlo leído, en ese orden y con soltura. Cada uno de ellos definió o clasificó la novela de este modo, remarco lo sustancial:


Estamos ante un híbrido resultante de trenzar una crítica social de barrio, asesinatos y elementos sobrenaturales y, lo mejor, lo hace con tal naturalidad y aplomo que silencia cualquier posible cuestión sobre su lógica argumental. (JORDI)

Colmillos de metal es un libro que me ha resultado de lo más original por los elementos que mezcla: heavy metal, trama paranormal y thriller. Un cóctel curioso, uno no sabe exactamente lo que puede salir de ahí, pero funciona, ya os digo yo que sí. (ALPISPA)



Evidentemente, ambos están de acuerdo en que es una mezcolanza de géneros, lo que yo denomino género fluido, la literatura del futuro. Es algo que por sí mismo garantiza salirse del mainstream establecido por los requisitos comerciales marcados por el mercado editorial. Quizás por ello se codea con la originalidad, aunque implique el peligro de impedir que me convierta en un escritor de éxito o que me instale en el nicho de los autores malditos.

No obstante, cada lector resalta con su proyección aspectos, de entre todo lo puesto por el autor, que deben tenerse en cuenta, pues son ciertos, aunque el escritor no los haya previsto. De este modo, Jordi ha apreciado Colmillos de metal como una novela social y sobrenatural, mientas que, por su parte, Alpispa haya destacado la novela como novela paranormal y thriller, con toque metalero. Sus enfoques son importantes, pues una cosa es lo que el autor se plantea ofrecer y otra lo que el lector encuentra entre lo recibido y lo que busca, o con lo que más se queda de todo lo que trae la lectura, pues, aunque no se explicite, Jordi tiene en cuenta la faceta de novela negra y Alpispa también tiene en cuenta la faceta del retrato y crítica social pese a no explicitarlo ambos en su catalogación general.

Interrobang es un blog abierto desde 2010, dedicado a la novela negra, policiaca, de misterio, thriller, etc., en formato texto, gráfico, audiovisual, etc.


Adicta a los Libros es un blog abierto desde 2011, dedicado a la literatura de terror, histórica, romántica, etc., también a las serie de televisión.



Puntos fuertes

No se puede contentar a todos los lectores, eso lo he aprendido sobre la marcha, pues sus miradas y gustos son diversos y más sus expectativas sobre lo que espera leer, pero es importante quedarse, como escritor, con lo que destacan si son especialmente curtidos, o incluso si no lo son, en la medida en que pueden dar pistas para mejorar la claridad de la cocina literaria. Es necesario saber precisar lo que se quiere en verdad expresar y saber cuáles son las limitaciones comprensivas cuando se omite contexto o se difumina la narración.

En esto, presto mucha atención al desfase generacional. Jordi me gusta porque da su opinión habiendo vivido la época que retrato, una auténtica prueba de fuego, y Alpispa, más joven, me gusta porque me ayuda a apreciar cómo funciona mi retrato de época en gente no ha vivido ese tiempo. Por supuesto, soy consciente que escribir de los años ochenta es ya situarse en la novela histórica, aunque la fantasía desdibuje la posibilidad de esa etiqueta.

También es bueno atender los comentarios para perfilar mejor cuál es el lector —target creo le dicen que mejor conecta con tus historias y nuestra forma de narrarlas. No vamos a ofrecer carne a herbívoros u hortalizas a carnívoros, es absurdo. Quizás en un futuro lleguemos a un punto en que se escriban novelas plásticas, dinámicas o ajustables a las particularidades de un lector, esto es, que, siendo compuestas por el mismo autor, consideradas una única obra y sin traicionar la voluntad de este y el espíritu de esta, sean poliédricas y se adapten a cada lector en pequeños detalles, como la extensión, el número de personajes, el número de subtramas, el ritmo, el nivel de detalle, la complejidad léxica, el porcentaje de géneros presentes, sin sexo, con más sexo, etc., una de las utilidades prácticas más reales del mundo digital y que, de llevarse a cabo en papel, sería un derroche y una faena inmanejable bregar con tantas versiones.

Jordi resaltaba en lo que es el escenario físico y cultural en el que se mueven los personajes:

— La crítica social, el retrato de la vida diaria de los distintos protagonistas, la dureza de vivir, la escasez, la convivencia de personas honradas y delincuentes.
— Los desequilibrios sociales y diferencias culturales entre los barrios del Madrid de los ochenta.
— La lacra de la droga y el azote del SIDA.

Por su lado, Alpispa en ese punto indica, en conexión con Jordi:

— La recreación de época.
— El retrato de la lacra de la droga y la destrucción de la persona.
— La exposición de los prejuicios sociales.

Interesante porque delata que el texto tiene fondo, no es un mero entretenimiento. Otro punto que aprecian ambos es el lingüístico, Alpispa destaca:

— El lenguaje coloquial de barrio, apropiado para el tipo de historia y adecuado para los personajes.
— El deje filosófico de la narración.
— Clima oscuro y tenso de algunas descripciones.

Esto último es elocuente y fundamental, pues ese deje filosófico no se da solo en esta novela mía, sino en otras, como la serie de Harry Maesnow y Molly Grapes, vamos, que viene de fábrica del autor y entronca con el toque moralizante de mis primeros cuentos o relatos cortos; y lo del clima oscuro es fundamental por cuanto habla que no hay engaño, al menos en parte, y que siendo una historia de vampiros, susto hay. 

Jordi, asiduo de mi visión irónica de la vida, destaca sobre el lenguaje y el estilo:

— El lenguaje corporal, el propio del lugar, la edad y la época.
— Dice más de lo que se lee.
— Apuesta por el mestizaje de géneros como acicate para explorar otras posibilidades literarias.

Bien, le ha tocado ese aspecto gráfico o visual que alguna vez me han comentado que ofrezco, en este caso, al describir el estado de ánimo o caracterizar a los personajes a través de sus gestos o posturas; una influencia sin duda del teatro, el cine, el cómic o la literatura decimonónica. En cuanto a los personajes, este destaca al principal:

— El protagonista, el Tralla: «un empleado de un establecimiento de productos Metal, batería en los ratos libres y seguidor y creyente de fuerzas sobrenaturales y seres de luz y de oscuridad».

Alpispa también destaca al Tralla, pero también la construcción de otros, femeninos, en lo que es una historia poblada de actores principales, secundarios y una nutrida figuración con o sin frase. Esto subraya:

— La coralidad.
— La caracterización de los personajes.
— Destaca al Tralla, Puri y Camille.

En cuanto a la narración y la estructura, a Jordi le llama más la atención el final, que califica, en positivo por la generación que somos, como:

— Desenlace de serie B.

Alpispa resalta más bien la trama, en especial, la trama vampírica, sin destacar la calidad o cualificación del desenlace, que podemos sobrentender que ha sido satisfactorio, y pudiendo dar a entender que sobra, para ella, alguna subtrama, sobre todo si no apoya directamente el reto central de desvelar un misterio paranatural y luchar contra un mal sobrenatural:

— La trama paranormal.

 




Puntos flojos

Los libros perfectos son escasos, más que escritores perfectos para su fortuna, menos que lectores perfectos para su disgusto, me atrevería a decir. Jordi, que pertenece a mi generación, curada de espanto de muchas cosas, gustosa de excentricidades que nos distancien de la carcundia puritana nacionalcatolicista empollada por el Franquismo y mamada de coletazo en la escuela pública y privada de los setenta, y quizás por considerar que el tono de serie B acalla las disonancias y relativiza los excesos, no le ve pegas al desarrollo argumental de la novela —o al menos no las explicita—. Sintoniza más y mejor con mi plano creativo y conceptual o con capas o subtextos que otros no captan o con las que no conectan.

Sin embargo, y esto es importante para valorar cómo puede envejecer un libro de mal o bien o cómo puede alterarse la percepción de las actitudes contraculturales propias con el paso del tiempo, Alpispa, lectora igual de curtida, que no vivió esos tiempos ni el despendole de los ochenta ni siendo niña, pero que es sensible por su condición de mujer del siglo XXI a ciertos sesgos machistas o retratos cuestionables de la condición femenina, sí encontró algunas pegas al texto, cuya existencia subraya como aviso a navegantes por la incomodidad que le ocasionaron como mujer y lectora:

— Ruptura de la trama paranormal con líneas secundarias o sucesos accesorios.
— Escenas sexuales gratuitas.
— El modo en que se habla de las mujeres, aunque lo justifique la época.

Sin duda, los lectores pueden tener encontronazos con algunas expresiones, pasajes o giros y es bueno avisarse entre lectores que comparten sintonía. Yo mismo soy consciente y aviso con la etiqueta esa de «Parental Advisory: Explicit Content», aunque rezume ironía desde mi consideración de que se ha rebajado el umbral de lo admisible en la esfera de la ficción mientras se aumenta el umbral de lo admisible en el mundo real. Lo cierto es que mis lectores habituales —mayoritariamente mujeres sin que sirva de falaz disculpa— ya conocen mi estilo y eso es lo que les hace ser habituales, y si mis textos no son del gusto completo de otros, pues no hay vuelta de hoja, no es su lectura. Ni se ha de perder el tiempo en esta vida en actos insulsos ni menos hay que pasarlo mal en actividades que te apasionan. No es esa la intención, ni tampoco que tengan una decepción o sufran un shock, que lo que a unos puede parecerles una pasada a otros puede parecerles que se queda corto. Lo que convierte a algo en veneno es la dosis, decía Paracelso.

También pienso, en otro orden, que es posible que esos desmadres o exabruptos puntuales, salidos de mi puño y tecla, puedan ser la causa de que el libro, aun gustando, no se regale, por pudor o vergüenza posiblemente. Al final se convierte en una lectura secreta, de mesilla de noche, de forro opaco, de préstamo por debajo de la mesa. No es texto para cualquier ojo. En Utah, Texas, Hungría, Ciudad del Vaticano, El Salvador, Arabia Saudita o Irán estará ya prohibido seguramente. ¿Por qué en Hungría si ha habido un cambio de Gobierno? Lee y lo sabrás.




Conclusión

Una de las conclusiones de todo esto es: vamos por buen camino, en lo que atañe a la originalidad, pero menos es más, sin duda. Aprender a escribir y conectar es todo un proceso de pulido y reescritura que fluye en tensión entre los vientos de la historia y la voluntad expresiva.

Gracias de corazón a los que leéis y comentáis, vuestro es el Parnaso de las hijas e hijos de la Lectura, que es sin duda un arte más, aunque no tenga todavía su musa ni se reconozca como tal. Propongo a Anagnostria como vuestra madrina. La cultura tiene una deuda histórica y mítica con vosotros que se ha de pagar con mejores escrituras y dignas ediciones, variedad para que todos encuentren su vergel en negro sobre blanco. 




jueves, 25 de junio de 2026

DOS RESEÑAS

 




DOS RESEÑAS

de Fernando Figueroa



El mes de junio me trajo una triste noticia: la desaparición del blog El Gato Trotero, que llevaba ya bastante tiempo inactivo a causa de un revés de salud de su alma mater. Con su desaparición, desaparecieron un buen puñado de buenas reseñas que hizo Yolanda de mis libros de la serie Las mujeres-globo o de las aventuras de Harry Maesnow. Incluso, una entrevista amplia y muy personal. Seis buenas reseñas y una entrevista colaron en lo que se aprieta una tecla. Todo eso se deshizo como bites en la lluvia digital. 
¡Qué efímeras son las plataformas y servidores de esta era informática! ¡Los humanos que las hacen! ¿En cuántas décadas nos daremos cuenta de lo tramposo de su promesa de eternidad? Tanto luchar unos por construir un blog genial y otros por tener reseñas y, al final, se funde todo a negro o te sale este terrible aviso:

Muchos son los llamados y pocos los elegidos. Lección de vida. Por algo se inventaron los pantallazos, para cosas como estas, como en su día los recortes de prensa.


Unas se van, otras vienen


Estos azares me han hecho valorar mucho dos nuevas reseñas publicadas en junio de este año. Una, por Interrobang, que ya acumulará como seis mías y que estuvo dedicada a la novela Colmillos de metal. Un registro bastante heterodoxo, pues, siendo un blog de novela negra, policiaca y aledaños, la propuesta se encaminaba en una mezcla de géneros que combinaba novela urbana, negra y paranormal. Afortunadamente, agrado a Jordi y la reseña fue positiva.



De ella me quedo con estas líneas:

La novela negra, como instrumento de reflejo y crítica social, suele circunscribir su denuncia a lo acaecido a la víctima. Una visión reducida de su potencial que solo amplía el consabido víctima + culpable + investigación de la novela policiaca clásica.

Colmillos de metal va más allá de esa ecuación de primer grado. Estamos ante un híbrido resultante de trenzar una crítica social de barrio, asesinatos y elementos sobrenaturales y, lo mejor, lo hace con tal naturalidad y aplomo que silencia cualquier posible cuestión sobre su lógica argumental.


La otra vino por parte de Yo Leo Novela. Natalia reseñó Pentesilea, una novela contemporánea que se salía de la línea habitual de su blog, aunque no fuese raro que le diese cancha al género de vez en cuando. Sorprendiéndole el viraje de género, pues hasta la fecha había reseñado cuatro de las novelas de la serie de Harry Maesnow, la reseña fue positiva.


En este caso, me quedo tras una difícil elección, porque frases buenas hay muchas donde elegir, con:

Tengo que reconocer que este libro me pilló por donde no esperaba. Aunque, pensándolo bien, es algo que ya me ha pasado otras veces con este autor. Entro en sus novelas esperando una cosa y termino encontrando otra muy distinta. Y eso me gusta, porque evita que te acomodes y acaba llevándote por caminos que no habías previsto.

En este caso pensé que me iba a encontrar una historia sobre música, grupos de rock desaparecidos y una investigación con cierto aire nostálgico. Y sí, todo eso está ahí. Pero a medida que avanzaba tuve la sensación de estar leyendo algo mucho más humano. Al final, más que la búsqueda de un grupo perdido o los misterios que rodean su historia, lo que me quedó fueron los personajes, sus relaciones y la forma en que cargan con el paso del tiempo, los recuerdos y las decisiones que tomaron años atrás.

Porque, en realidad, Pentesilea habla de gente que arrastra cosas. Gente que intenta entender quién fue, quién es y qué demonios hace con todo lo que le ha tocado vivir.

Siempre es agradable que un desconocido te acepte un libro, que finalmente se lo lea y comprobar que no solo se lo ha leído, sino que ha puesto todos los sentidos en él y se ha dejado llevar por la propuesta. Inmersión lectora, creo que se dice. No crean que es común, ni que te acepten el envío de un libro ni que te lean con ganas y lo hagan bien, palabra a palabra, no en diagonal o a salto de mata, a la Mussolini.

Por eso, es tan precioso tener reseñas, no solo por la retroalimentación, sino porque son escasas en el nivel en que me muevo, como las estrellas fugaces en un cielo seminublado. Por eso, duele tanto que desaparezcan con un clic, con una baja del servicio, que sus palabras se disipen como una niebla veraniega, sin dejar rastro de lo que hubo, de la huella que dejó, porque cada libro deja una marca diferente en cada lector, cada uno de ellos lee su propia versión, hace suya sus escenas, suyos sus personajes, y comparte su interpretación personal pasando a veces sin rubor por encima de los propósitos de los autores o hasta de los editores, con el interés de generar diálogo con otros aficionados o de dejar volar ideas que quizás un día se incuben, desarrollen y salgan a la luz en forma de nuevas novelas.

Lo mejor, sin duda lo mejor, es que, cuando haces migas con un reseñista con el que conectas, tienes garantizado un jardín de reseñas, no solo una. Cuesta mucho, como excavar un pozo, roturar la tierra y labrar un huerto, pero ahí tienes con suerte y tesón tu buen ramillete de reseñas regalándote la ilusión de que escribir no es vano, de que escribir tiene una causa y un efecto gracias a que hay quien desea compartir su gusto por la literatura, la lectura y la escritura, y comentar, comentar párrafo con párrafo.

Gracias por estar ahí, lectores reseñistas, con vuestra pasión y sinceridad. Vuestro es el cielo de los bibliófilos, la gloria de los devoralibros. Un día, no os gustará mi novela, o gustará poco, pero os estaré igualmente agradecido porque acogisteis mi libro en vuestra casa, vestisteis mis historia con vuestros ojos y dedos, distéis de comer y beber a mis personajes con vuestra imaginación y fantasía, y eso es por ventura un tesoro inapreciable para quien finge la vida sobre un papel y sueña en tintas.


 

lunes, 8 de junio de 2026

EL GÉNERO FLUIDO. LA LITERATURA DEL FUTURO

 




EL GÉNERO FLUIDO

LA LITERATURA DEL FUTURO

de Fernando Figueroa



En nuestra época los textos literarios se suelen circunscribir a alguno de los géneros literarios establecidos, viejos o nuevos, en un ordenadísimo pantone de etiquetas que hacen la delicia de los reponedores de estanterías. Es casi imperativo hacerlo si quieres entrar en el circuito y abrirte hueco en ferias y festivales. Esos géneros responden a la tradición y a criterios de mercado y tienen la finalidad de advertir al lector acerca de en qué clave está la obra que va a leer o a escuchar o para facilitar al editor la producción, distribución y venta del producto, ya que es un modo eficaz de poder conectar la obra con un sector determinado de lectores. Incluso, esta adscripción se ha ido acomodando a anunciar de antemano qué se va a encontrar de seguro dentro de la novela y hasta cuál será su desarrollo y final, lo que case con la fijación de un consumidor conservador o conformista, apegado a fórmulas fácilmente reconocibles y poco amigo de desenlaces inesperados. Sin embargo...


En las últimas décadas, ha ido surgiendo un tipo de escritor que no ajusta sus historias al modelo prefijado por la política de géneros, sino que encuentra más sentido o placer cuando crea o recrea historias como le pide el cuerpo, sin miedo a salirse de lo reconocido o reconocible como característico de tal o cual género literario. Por supuesto, ha de quedar bien vertebrado para que no huela a pastiche, pero es fácil cuando todo fluye orgánicamente, como pide la historia.

Aparte de no temer salirse del guion, el autor prioriza su satisfacción propia. Eso me parece lo más importante. Y es que, en el fondo, obra así porque, de hacerlo como se espera, se aburriría a causa de no poder alas a una creatividad e imaginación tan vivas que le piden ampliar los horizontes de su capacidad de concepción e interrelación. Tanto desea crecer en esto que no le asusta que los lectores que le lean se sientan confundidos o incómodos. Espera que, tras la confusión, se sientan agradecidos antes que decepcionados o engañados, aunque... que no pasa eso, no se angustia: sabe que es el precio que lleva abrir puertas hasta que se logra dar con ese nicho de lectores que sintonizan tan a gusto con su propuesta y que puede ayudar a normalizar su alternativa. Y del nicho al más allá.


CAUSAS DEL GÉNERO FLUIDO

Se navega entre géneros en una misma historia por diferentes motivos:

  • Enriquecer la lectura. Consiste en aumentar las experiencias posibles que pueden darse en un contexto dentro de un texto. Se trata de abrir el abanico de eventos y emociones que pueden concurrir en un marco escénico y un plantel de actores prefijados.
  • Salirse de lo establecido. Romper las convenciones de un género lo ensancha (nuevos tropos, subetiquetas...) o genera nuevos géneros independientes. Responde al impulso creativo que lleva a replantear e innovar, aunque con un punto rebelde donde cabe el deseo de provocación, y alcanzar la originalidad.
  • Combatir el aburrimiento. Es un hartazgo replicar las mismas fórmulas —exitosas— una y otra vez, incluso con las consabidas variantes recurrentes hasta lo cansino. Lo previsible empacha salvo para gente con fobias o inseguridades. Combinar códigos hace que el relato sea más llevadero, aunque se mantenga reconocible un género preponderante.
  • Darle más realismo. Ajustarse a lo reconocible de un género conlleva amanerarse y, lo peor, generar una ficción tan recogida o encogida que exige una inmersión absoluta para que no chirríe el asunto. Ese aislamiento o suspensión de la conciencia no satisface a las mentes inquietas, pues necesitan añadir otras variables que forman parte de la realidad y que son factibles de intervenir en la trama. Todo nace desde la perspectiva de que la vida misma es una mezcla de situaciones de todo talante, cómicas o trágicas, intrigantes o románticas, terroríficas o espirituales, científicas o sobrenaturales, etc.
  • Huir de la unidimensionalidad. Hay escritores que pueden vivir la construcción de un libro como una experiencia agobiante, restrictiva, casi una herramienta de coerción. Mientras que el lector mantiene la mente libre en su experiencia de lectura y puede ser testigo de la limitación y romper con su imaginación esas cadenas —o eso se espera—, el escritor se ve preso de un sistema editorial que lo constriñe y que solo puede subvertir si se deja llevar por su impulso creativo más rompedor.


ANTECEDENTES DEL GÉNERO FLUIDO

¿De dónde viene este no ceñirse al patrón? Nos movemos en lo hipotético. No hay nada analizado de cierto, pero me aventuro a afirmar que esa ruptura de esquemas se fue inculcando con el apogeo de la televisión. Se inició como efecto del gusto ecléctico que implantó una época abierta a novedades asombrosas y en la que cuajaba la cultura de masas como extensión de la cultura popular.

Los chavales que habían crecido con las narices pegadas a las pantallas a blanco y negro o a color de la vida moderna eran la generación idónea para idear una serie de historias poliédricas en sus cabezas. Su gusto era deudor de cierta curiosidad combinatoria, del «y si pasase esto o lo otro» en un siglo XX donde todo era posible cara al utópico —o distópico— año 2000. ¿Qué pasaría si Frankenstein montase un grupo de rock en 1965 y, para poder sacar un disco, tuviese que atracar un banco que resulta que es un nido de nazis ocultos que falsifican moneda? ¿Qué pasaría si un científico se enamora de una estudiante adolescente que detesta a sus padres, extraterrestres y que la buscan desesperadamente porque es la elegida para salvar la galaxia mientras sueña con ser estrella de Hollywood?, etc. En fin, se planteaban ingeniosos experimentos que buscaban despertar el interés, mantener la atención y avivar las emocionantes expectativas.

En los años setenta, podíamos ver a los mismos personajes de algunas series transitar, dentro de unas pautas reconocibles, por episodios que coqueteaban con otros género de modo puntual, medio en serio, medio en broma. Los podíamos ver desenvolviéndose en un episodio detectivesco o de espionaje, un episodio romántico, un episodio de casas encantadas o de espíritus, un episodio con un tesoro por medio, un episodio con un avistamiento ovni, con un monstruo de bosque o lago, reviviendo un episodio histórico, aunque fuera familiar, con un viaje en el tiempo, real o soñado; un episodio navideño, un episodio de angustia o crítica social, etc. Incluso, más en los ochenta, surgirán series que no hacían esto como paréntesis dentro del género que tratasen, sino que eran lo bastante elásticas como para que sus historias fluyesen de género en género sin problema ni cuestionamiento.

Así es que esa dinámica posmoderna, absorbente y de límites relativos o difusos servía para aumentar el entretenimiento, para rizar el rizo y sorprender, para estirar el chicle, con suerte, sin perder sabor, etc. y funcionaba acorde con un público hipernutrido en muy diferentes registros, de gustos variados y que, por ello, podía disfrutar de cualquier combinado siempre que la novedad estuviese bien hecha o conectase con él.

Eso fue lo más interesante, cuando se generaron historias que acogían diversidad de situaciones y enfoques. Aquí podemos pensar tanto en televisión como en cine. Algunas películas de los ochenta, a veces desde cómico o lo paródico y otras con la seriedad de la ambigüedad o el juego de «empieza de una manera y acaba de otra» —pensemos en desde Psicosis a Abierto hasta el amanecer, apostaban por una clara mezcla de géneros, entre el pastiche y la feliz combinación. No es raro que también se diera en la literatura viendo que el cine de serie B y serie A lo tocaba y triunfaba con ello. En todo caso, los escritores de las generaciones televisivas tenían una fuente de inspiración para acometer su relectura y amoldamiento propio de los géneros que más le gustaban por medio de su combinación.


   

EL FUTURO DEL GÉNERO FLUIDO

Depende de escritores y lectores que se afiance el género fluido en la literatura, aunque se elija una característica del relato como la rectora a la hora de presentar la obra en público. Lo suyo, en ese caso, sería, como corresponde a cualquier producto de consumo homologado, indicar en el etiquetado algo así como «los ingredientes» y, si es posible, el porcentaje. Por ejemplo:

Género Fluido. Ingredientes: Negra 45 %, Erótica 8 %, Romántica 15 %, Misterio 10 %, Comedia 22 %. Advertencia: Este artículo es un producto natural. Puede contener trazas de ensayo filosófico u otros restos. No apropiado para intolerantes e integristas. País de origen: España. 

Así podría exponerse en cualquiera de mis novelas, y sería la fórmula más honesta para que el lector supiese qué se va a meter entre ojos y espalda y no le salga un sarpullido o le dé una indigestión. Pero hasta eso prefiero que quede en la incertidumbre. Creo que basta con decir el sabor de lo fluido: es un libro fluido policiaco, un libro de terror fluido, un libro de fantaciencia fluida, etc.

Por supuesto, habría que defender la entidad autónoma del género fluido, etiqueta válida y positiva porque libera al ser humano de cortapisas que nos acotan y amoldan el pensamiento con mayor o menor holgura. No quiero decir que se elimine lo viejo, sino que se deje aflorar y tomar forma a lo nuevo y que se considere lícita la etiqueta de «fluido» por mera ley de economía, para no tener que poner una sarta de nombres y apellidos tales como «hardboiled cómico-erótico neovictoriano» o «novela urbana vampírica tragicómica», pongamos. Ahora, que se halla uno con la etiqueta «novela fluida», «novela romántica fluida» o «novela fluida romántica» en la estantería de turno, pues ya sabe que le espera algo por descubrir, que solo la sinopsis o el texto de detrás de la cubierta permitirá atisbar una pizca de lo que contenga el libro. Aténgase a las consecuencias, prospecte y disfrute de la aventura lectora.

Yo escribo fluido, lo reconozco. Esto es, lo mío es el género fluido, literariamente hablando. Llámalo potaje si eres pureta o cóctel si te pirra el glamour  pero a mí me sabe a gloria bendita.