lunes, 27 de julio de 2026

¿QUÉ DICE LA CRÍTICA INDIE DE COLMILLOS DE METAL?

 




¿QUÉ DICE LA CRÍTICA INDIE

DE COLMILLOS DE METAL?

de Fernando Figueroa



Se publicó en enero de este año Colmillos de metal, una apuesta más en el género paranormal y urbano por mi parte, continuación de Expediente Bélmez. Por supuesto, impulsado por el hambre de notoriedad y de retroalimentación, emprendí la caza de reseñas. A ese efecto, escribí a varios blogs tras estudiar sus contenidos. Bastantes fueron a los que llamé y pocos los que respondieron a mi llamada y menos los que se leyeron el libro que les envié, por lo que solo he contado, tras medio año, con dos reseñas. No me quejo. Otros no tienen ninguna, lo sé, así que estoy bastante contento porque, además, han sido reseñas sinceras, de calidad, de mano de lectores asiduos, ávidos de novedades y serios en su modo de atender la literatura, apasionados de pasar páginas mientras ven pasar las imágenes por su mente y el recuerdo de otras lecturas precedentes, gente que no se vende ni al vil metal ni le gusta regalar los oídos por ganarse unos likes o unos seguidores. Se ve en el mimo de sus blogs, en la determinación de sus escritos.

Estos blogs que me atendieron fueron Interrobang y Adicta a los Libros. El primero centrado en la novela negra y demás parentela y el segundo, en diversos géneros, entre ellos el terror y el thriller. Sus responsables son Jordi y Alpispa. Veamos qué destacaron, tras su lectura y a su juicio, de esta novela de vampiros y jevis. Cabe señalar que las dos son igual de preciosas para mí, pues con buena intención e igual oficio comentan el contenido de mi novela, lo que es siempre una alegría y una lección bien recibida.


Definición

Es importante definir el objeto de estudio antes de su estudio como también el objeto de lectura después de haberlo leído, en ese orden y con soltura. Cada uno de ellos definió o clasificó la novela de este modo, remarco lo sustancial:


Estamos ante un híbrido resultante de trenzar una crítica social de barrio, asesinatos y elementos sobrenaturales y, lo mejor, lo hace con tal naturalidad y aplomo que silencia cualquier posible cuestión sobre su lógica argumental. (JORDI)

Colmillos de metal es un libro que me ha resultado de lo más original por los elementos que mezcla: heavy metal, trama paranormal y thriller. Un cóctel curioso, uno no sabe exactamente lo que puede salir de ahí, pero funciona, ya os digo yo que sí. (ALPISPA)



Evidentemente, ambos están de acuerdo en que es una mezcolanza de géneros, lo que yo denomino género fluido, la literatura del futuro. Es algo que por sí mismo garantiza salirse del mainstream establecido por los requisitos comerciales marcados por el mercado editorial. Quizás por ello se codea con la originalidad, aunque implique el peligro de impedir que me convierta en un escritor de éxito o que me instale en el nicho de los autores malditos.

No obstante, cada lector resalta con su proyección aspectos, de entre todo lo puesto por el autor, que deben tenerse en cuenta, pues son ciertos, aunque el escritor no los haya previsto. De este modo, Jordi ha apreciado Colmillos de metal como una novela social y sobrenatural, mientas que, por su parte, Alpispa haya destacado la novela como novela paranormal y thriller, con toque metalero. Sus enfoques son importantes, pues una cosa es lo que el autor se plantea ofrecer y otra lo que el lector encuentra entre lo recibido y lo que busca, o con lo que más se queda de todo lo que trae la lectura, pues, aunque no se explicite, Jordi tiene en cuenta la faceta de novela negra y Alpispa también tiene en cuenta la faceta del retrato y crítica social pese a no explicitarlo ambos en su catalogación general.

Interrobang es un blog abierto desde 2010, dedicado a la novela negra, policiaca, de misterio, thriller, etc., en formato texto, gráfico, audiovisual, etc.


Adicta a los Libros es un blog abierto desde 2011, dedicado a la literatura de terror, histórica, romántica, etc., también a las serie de televisión.



Puntos fuertes

No se puede contentar a todos los lectores, eso lo he aprendido sobre la marcha, pues sus miradas y gustos son diversos y más sus expectativas sobre lo que espera leer, pero es importante quedarse, como escritor, con lo que destacan si son especialmente curtidos, o incluso si no lo son, en la medida en que pueden dar pistas para mejorar la claridad de la cocina literaria. Es necesario saber precisar lo que se quiere en verdad expresar y saber cuáles son las limitaciones comprensivas cuando se omite contexto o se difumina la narración.

En esto, presto mucha atención al desfase generacional. Jordi me gusta porque da su opinión habiendo vivido la época que retrato, una auténtica prueba de fuego, y Alpispa, más joven, me gusta porque me ayuda a apreciar cómo funciona mi retrato de época en gente no ha vivido ese tiempo. Por supuesto, soy consciente que escribir de los años ochenta es ya situarse en la novela histórica, aunque la fantasía desdibuje la posibilidad de esa etiqueta.

También es bueno atender los comentarios para perfilar mejor cuál es el lector —target creo le dicen que mejor conecta con tus historias y nuestra forma de narrarlas. No vamos a ofrecer carne a herbívoros u hortalizas a carnívoros, es absurdo. Quizás en un futuro lleguemos a un punto en que se escriban novelas plásticas, dinámicas o ajustables a las particularidades de un lector, esto es, que, siendo compuestas por el mismo autor, consideradas una única obra y sin traicionar la voluntad de este y el espíritu de esta, sean poliédricas y se adapten a cada lector en pequeños detalles, como la extensión, el número de personajes, el número de subtramas, el ritmo, el nivel de detalle, la complejidad léxica, el porcentaje de géneros presentes, etc., una de las utilidades reales del mundo digital y que, de llevarse a cabo en papel, sería un derroche y una faena inmanejable bregar con tantas versiones.

Jordi resaltaba en lo que es el escenario físico y cultural en el que se mueven los personajes:

— La crítica social, el retrato de la vida diaria de los distintos protagonistas, la dureza de vivir, la escasez, la convivencia de personas honradas y delincuentes.
— Los desequilibrios sociales y diferencias culturales entre los barrios del Madrid de los ochenta.
— La lacra de la droga y el azote del SIDA.

Por su lado, Alpispa en ese punto indica, en conexión con Jordi:

— La recreación de época.
— El retrato de la lacra de la droga y la destrucción de la persona.
— La exposición de los prejuicios sociales.

Interesante porque delata que el texto tiene fondo, no es un mero entretenimiento. Otro punto que aprecian ambos es el lingüístico, Alpispa destaca:

— El lenguaje coloquial de barrio, apropiado para el tipo de historia y adecuado para los personajes.
— El deje filosófico de la narración.
— Clima oscuro y tenso de algunas descripciones.

Esto último es elocuente y fundamental, pues ese deje filosófico no se da solo en esta novela mía, sino en otras, como la serie de Harry Maesnow y Molly Grapes, vamos, que viene de fábrica del autor y entronca con el toque moralizante de mis primeros cuentos o relatos cortos; y lo del clima oscuro es fundamental por cuanto habla que no hay engaño, al menos en parte, y que siendo una historia de vampiros, susto hay. 

Jordi, asiduo de mi visión irónica de la vida, destaca sobre el lenguaje y el estilo:

— El lenguaje corporal, el propio del lugar, la edad y la época.
— Dice más de lo que se lee.
— Apuesta por el mestizaje de géneros como acicate para explorar otras posibilidades literarias.

Bien, le ha tocado ese aspecto gráfico o visual que alguna vez me han comentado que ofrezco, en este caso, al describir el estado de ánimo o caracterizar a los personajes a través de sus gestos o posturas; una influencia sin duda del teatro, el cine, el cómic o la literatura decimonónica. En cuanto a los personajes, este destaca al principal:

— El protagonista, el Tralla: «un empleado de un establecimiento de productos Metal, batería en los ratos libres y seguidor y creyente de fuerzas sobrenaturales y seres de luz y de oscuridad».

Alpispa también destaca al Tralla, pero también la construcción de otros, femeninos, en lo que es una historia poblada de actores principales, secundarios y una nutrida figuración con o sin frase. Esto subraya:

— La coralidad.
— La caracterización de los personajes.
— Destaca al Tralla, Puri y Camille.

En cuanto a la narración y la estructura, a Jordi le llama más la atención el final, que califica, en positivo por la generación que somos, como:

— Desenlace de serie B.

Alpispa resalta más bien la trama, en especial, la trama vampírica, sin destacar la calidad o cualificación del desenlace, que podemos sobrentender que ha sido satisfactorio, y pudiendo dar a entender que sobra, para ella, alguna subtrama, sobre todo si no apoya directamente el reto central de desvelar un misterio paranatural y luchar contra un mal sobrenatural:

— La trama paranormal.

 




Puntos flojos

Los libros perfectos son escasos, más que escritores perfectos para su fortuna, menos que lectores perfectos para su disgusto, me atrevería a decir. Jordi, que pertenece a mi generación, curada de espanto de muchas cosas, gustosa de excentricidades que nos distancien de la carcundia puritana nacionalcatolicista empollada por el Franquismo y mamada de coletazo en la escuela pública y privada de los setenta, y quizás por considerar que el tono de serie B acalla las disonancias y relativiza los excesos, no le ve pegas al desarrollo argumental de la novela —o al menos no las explicita—. Sintoniza más y mejor con mi plano creativo y conceptual o con capas o subtextos que otros no captan o con las que no conectan.

Sin embargo, y esto es importante para valorar cómo puede envejecer un libro de mal o bien o cómo puede alterarse la percepción de las actitudes contraculturales propias con el paso del tiempo, Alpispa, lectora igual de curtida, que no vivió esos tiempos ni el despendole de los ochenta ni siendo niña, pero que es sensible por su condición de mujer del siglo XXI a ciertos sesgos machistas o retratos cuestionables de la condición femenina, sí encontró algunas pegas al texto, cuya existencia subraya como aviso a navegantes por la incomodidad que le ocasionaron como mujer y lectora:

— Ruptura de la trama paranormal con líneas secundarias o sucesos accesorios.
— Escenas sexuales gratuitas.
— El modo en que se habla de las mujeres, aunque lo justifique la época.

Sin duda, los lectores pueden tener encontronazos con algunas expresiones, pasajes o giros y es bueno avisarse entre lectores que comparten sintonía. Yo mismo soy consciente y aviso con la etiqueta esa de «Parental Advisory: Explicit Content», aunque rezume ironía desde mi consideración de que se ha rebajado el umbral de lo admisible en la esfera de la ficción mientras se aumenta el umbral de lo admisible en el mundo real. Lo cierto es que mis lectores habituales —mayoritariamente mujeres sin que sirva de falaz disculpa— ya conocen mi estilo y eso es lo que les hace ser habituales, y si mis textos no son del gusto completo de otros, pues no hay vuelta de hoja, no es su lectura. Ni se ha de perder el tiempo en esta vida en actos insulsos ni menos hay que pasarlo mal en actividades que te apasionan. No es esa la intención, ni tampoco que tengan una decepción o sufran un shock, que lo que a unos puede parecerles una pasada a otros puede parecerles que se queda corto. Lo que convierte a algo en veneno es la dosis, decía Paracelso.

También pienso, en otro orden, que es posible que esos desmadres o exabruptos puntuales, salidos de mi puño y tecla, puedan ser la causa de que el libro, aun gustando, no se regale, por pudor o vergüenza posiblemente. Al final se convierte en una lectura secreta, de mesilla de noche, de forro opaco, de préstamo por debajo de la mesa. No es texto para cualquier ojo. En Utah, Texas, Hungría, Ciudad del Vaticano, El Salvador, Arabia Saudita o Irán estará ya prohibido seguramente. ¿Por qué en Hungría si ha habido un cambio de Gobierno? Lee y lo sabrás.




Conclusión

Una de las conclusiones de todo esto es: vamos por buen camino, en lo que atañe a la originalidad, pero menos es más, sin duda. Aprender a escribir y conectar es todo un proceso de pulido y reescritura que fluye en tensión entre los vientos de la historia y la voluntad expresiva.

Gracias de corazón a los que leéis y comentáis, vuestro es el Parnaso de las hijas e hijos de la Lectura, que es sin duda un arte más, aunque no tenga todavía su musa ni se reconozca como tal. Propongo a Anagnostria como vuestra madrina. La cultura tiene una deuda histórica y mítica con vosotros que se ha de pagar con mejores escrituras y dignas ediciones, variedad para que todos encuentren su vergel en negro sobre blanco. 




jueves, 25 de junio de 2026

DOS RESEÑAS

 




DOS RESEÑAS

de Fernando Figueroa



El mes de junio me trajo una triste noticia: la desaparición del blog El Gato Trotero, que llevaba ya bastante tiempo inactivo a causa de un revés de salud de su alma mater. Con su desaparición, desaparecieron un buen puñado de buenas reseñas que hizo Yolanda de mis libros de la serie Las mujeres-globo o de las aventuras de Harry Maesnow. Incluso, una entrevista amplia y muy personal. Seis buenas reseñas y una entrevista colaron en lo que se aprieta una tecla. Todo eso se deshizo como bites en la lluvia digital. 
¡Qué efímeras son las plataformas y servidores de esta era informática! ¡Los humanos que las hacen! ¿En cuántas décadas nos daremos cuenta de lo tramposo de su promesa de eternidad? Tanto luchar unos por construir un blog genial y otros por tener reseñas y, al final, se funde todo a negro o te sale este terrible aviso:

Muchos son los llamados y pocos los elegidos. Lección de vida. Por algo se inventaron los pantallazos, para cosas como estas, como en su día los recortes de prensa.


Unas se van, otras vienen


Estos azares me han hecho valorar mucho dos nuevas reseñas publicadas en junio de este año. Una, por Interrobang, que ya acumulará como seis mías y que estuvo dedicada a la novela Colmillos de metal. Un registro bastante heterodoxo, pues, siendo un blog de novela negra, policiaca y aledaños, la propuesta se encaminaba en una mezcla de géneros que combinaba novela urbana, negra y paranormal. Afortunadamente, agrado a Jordi y la reseña fue positiva.



De ella me quedo con estas líneas:

La novela negra, como instrumento de reflejo y crítica social, suele circunscribir su denuncia a lo acaecido a la víctima. Una visión reducida de su potencial que solo amplía el consabido víctima + culpable + investigación de la novela policiaca clásica.

Colmillos de metal va más allá de esa ecuación de primer grado. Estamos ante un híbrido resultante de trenzar una crítica social de barrio, asesinatos y elementos sobrenaturales y, lo mejor, lo hace con tal naturalidad y aplomo que silencia cualquier posible cuestión sobre su lógica argumental.


La otra vino por parte de Yo Leo Novela. Natalia reseñó Pentesilea, una novela contemporánea que se salía de la línea habitual de su blog, aunque no fuese raro que le diese cancha al género de vez en cuando. Sorprendiéndole el viraje de género, pues hasta la fecha había reseñado cuatro de las novelas de la serie de Harry Maesnow, la reseña fue positiva.


En este caso, me quedo tras una difícil elección, porque frases buenas hay muchas donde elegir, con:

Tengo que reconocer que este libro me pilló por donde no esperaba. Aunque, pensándolo bien, es algo que ya me ha pasado otras veces con este autor. Entro en sus novelas esperando una cosa y termino encontrando otra muy distinta. Y eso me gusta, porque evita que te acomodes y acaba llevándote por caminos que no habías previsto.

En este caso pensé que me iba a encontrar una historia sobre música, grupos de rock desaparecidos y una investigación con cierto aire nostálgico. Y sí, todo eso está ahí. Pero a medida que avanzaba tuve la sensación de estar leyendo algo mucho más humano. Al final, más que la búsqueda de un grupo perdido o los misterios que rodean su historia, lo que me quedó fueron los personajes, sus relaciones y la forma en que cargan con el paso del tiempo, los recuerdos y las decisiones que tomaron años atrás.

Porque, en realidad, Pentesilea habla de gente que arrastra cosas. Gente que intenta entender quién fue, quién es y qué demonios hace con todo lo que le ha tocado vivir.

Siempre es agradable que un desconocido te acepte un libro, que finalmente se lo lea y comprobar que no solo se lo ha leído, sino que ha puesto todos los sentidos en él y se ha dejado llevar por la propuesta. Inmersión lectora, creo que se dice. No crean que es común, ni que te acepten el envío de un libro ni que te lean con ganas y lo hagan bien, palabra a palabra, no en diagonal o a salto de mata, a la Mussolini.

Por eso, es tan precioso tener reseñas, no solo por la retroalimentación, sino porque son escasas en el nivel en que me muevo, como las estrellas fugaces en un cielo seminublado. Por eso, duele tanto que desaparezcan con un clic, con una baja del servicio, que sus palabras se disipen como una niebla veraniega, sin dejar rastro de lo que hubo, de la huella que dejó, porque cada libro deja una marca diferente en cada lector, cada uno de ellos lee su propia versión, hace suya sus escenas, suyos sus personajes, y comparte su interpretación personal pasando a veces sin rubor por encima de los propósitos de los autores o hasta de los editores, con el interés de generar diálogo con otros aficionados o de dejar volar ideas que quizás un día se incuben, desarrollen y salgan a la luz en forma de nuevas novelas.

Lo mejor, sin duda lo mejor, es que, cuando haces migas con un reseñista con el que conectas, tienes garantizado un jardín de reseñas, no solo una. Cuesta mucho, como excavar un pozo, roturar la tierra y labrar un huerto, pero ahí tienes con suerte y tesón tu buen ramillete de reseñas regalándote la ilusión de que escribir no es vano, de que escribir tiene una causa y un efecto gracias a que hay quien desea compartir su gusto por la literatura, la lectura y la escritura, y comentar, comentar párrafo con párrafo.

Gracias por estar ahí, lectores reseñistas, con vuestra pasión y sinceridad. Vuestro es el cielo de los bibliófilos, la gloria de los devoralibros. Un día, no os gustará mi novela, o gustará poco, pero os estaré igualmente agradecido porque acogisteis mi libro en vuestra casa, vestisteis mis historia con vuestros ojos y dedos, distéis de comer y beber a mis personajes con vuestra imaginación y fantasía, y eso es por ventura un tesoro inapreciable para quien finge la vida sobre un papel y sueña en tintas.


 

lunes, 8 de junio de 2026

EL GÉNERO FLUIDO. LA LITERATURA DEL FUTURO

 




EL GÉNERO FLUIDO

LA LITERATURA DEL FUTURO

de Fernando Figueroa



En nuestra época los textos literarios se suelen circunscribir a alguno de los géneros literarios establecidos, viejos o nuevos, en un ordenadísimo pantone de etiquetas que hacen la delicia de los reponedores de estanterías. Es casi imperativo hacerlo si quieres entrar en el circuito y abrirte hueco en ferias y festivales. Esos géneros responden a la tradición y a criterios de mercado y tienen la finalidad de advertir al lector acerca de en qué clave está la obra que va a leer o a escuchar o para facilitar al editor la producción, distribución y venta del producto, ya que es un modo eficaz de poder conectar la obra con un sector determinado de lectores. Incluso, esta adscripción se ha ido acomodando a anunciar de antemano qué se va a encontrar de seguro dentro de la novela y hasta cuál será su desarrollo y final, lo que case con la fijación de un consumidor conservador o conformista, apegado a fórmulas fácilmente reconocibles y poco amigo de desenlaces inesperados. Sin embargo...


En las últimas décadas, ha ido surgiendo un tipo de escritor que no ajusta sus historias al modelo prefijado por la política de géneros, sino que encuentra más sentido o placer cuando crea o recrea historias como le pide el cuerpo, sin miedo a salirse de lo reconocido o reconocible como característico de tal o cual género literario. Por supuesto, ha de quedar bien vertebrado para que no huela a pastiche, pero es fácil cuando todo fluye orgánicamente, como pide la historia.

Aparte de no temer salirse del guion, el autor prioriza su satisfacción propia. Eso me parece lo más importante. Y es que, en el fondo, obra así porque, de hacerlo como se espera, se aburriría a causa de no poder alas a una creatividad e imaginación tan vivas que le piden ampliar los horizontes de su capacidad de concepción e interrelación. Tanto desea crecer en esto que no le asusta que los lectores que le lean se sientan confundidos o incómodos. Espera que, tras la confusión, se sientan agradecidos antes que decepcionados o engañados, aunque... que no pasa eso, no se angustia: sabe que es el precio que lleva abrir puertas hasta que se logra dar con ese nicho de lectores que sintonizan tan a gusto con su propuesta y que puede ayudar a normalizar su alternativa. Y del nicho al más allá.


CAUSAS DEL GÉNERO FLUIDO

Se navega entre géneros en una misma historia por diferentes motivos:

  • Enriquecer la lectura. Consiste en aumentar las experiencias posibles que pueden darse en un contexto dentro de un texto. Se trata de abrir el abanico de eventos y emociones que pueden concurrir en un marco escénico y un plantel de actores prefijados.
  • Salirse de lo establecido. Romper las convenciones de un género lo ensancha (nuevos tropos, subetiquetas...) o genera nuevos géneros independientes. Responde al impulso creativo que lleva a replantear e innovar, aunque con un punto rebelde donde cabe el deseo de provocación, y alcanzar la originalidad.
  • Combatir el aburrimiento. Es un hartazgo replicar las mismas fórmulas —exitosas— una y otra vez, incluso con las consabidas variantes recurrentes hasta lo cansino. Lo previsible empacha salvo para gente con fobias o inseguridades. Combinar códigos hace que el relato sea más llevadero, aunque se mantenga reconocible un género preponderante.
  • Darle más realismo. Ajustarse a lo reconocible de un género conlleva amanerarse y, lo peor, generar una ficción tan recogida o encogida que exige una inmersión absoluta para que no chirríe el asunto. Ese aislamiento o suspensión de la conciencia no satisface a las mentes inquietas, pues necesitan añadir otras variables que forman parte de la realidad y que son factibles de intervenir en la trama. Todo nace desde la perspectiva de que la vida misma es una mezcla de situaciones de todo talante, cómicas o trágicas, intrigantes o románticas, terroríficas o espirituales, científicas o sobrenaturales, etc.
  • Huir de la unidimensionalidad. Hay escritores que pueden vivir la construcción de un libro como una experiencia agobiante, restrictiva, casi una herramienta de coerción. Mientras que el lector mantiene la mente libre en su experiencia de lectura y puede ser testigo de la limitación y romper con su imaginación esas cadenas —o eso se espera—, el escritor se ve preso de un sistema editorial que lo constriñe y que solo puede subvertir si se deja llevar por su impulso creativo más rompedor.


ANTECEDENTES DEL GÉNERO FLUIDO

¿De dónde viene este no ceñirse al patrón? Nos movemos en lo hipotético. No hay nada analizado de cierto, pero me aventuro a afirmar que esa ruptura de esquemas se fue inculcando con el apogeo de la televisión. Se inició como efecto del gusto ecléctico que implantó una época abierta a novedades asombrosas y en la que cuajaba la cultura de masas como extensión de la cultura popular.

Los chavales que habían crecido con las narices pegadas a las pantallas a blanco y negro o a color de la vida moderna eran la generación idónea para idear una serie de historias poliédricas en sus cabezas. Su gusto era deudor de cierta curiosidad combinatoria, del «y si pasase esto o lo otro» en un siglo XX donde todo era posible cara al utópico —o distópico— año 2000. ¿Qué pasaría si Frankenstein montase un grupo de rock en 1965 y, para poder sacar un disco, tuviese que atracar un banco que resulta que es un nido de nazis ocultos que falsifican moneda? ¿Qué pasaría si un científico se enamora de una estudiante adolescente que detesta a sus padres, extraterrestres y que la buscan desesperadamente porque es la elegida para salvar la galaxia mientras sueña con ser estrella de Hollywood?, etc. En fin, se planteaban ingeniosos experimentos que buscaban despertar el interés, mantener la atención y avivar las emocionantes expectativas.

En los años setenta, podíamos ver a los mismos personajes de algunas series transitar, dentro de unas pautas reconocibles, por episodios que coqueteaban con otros género de modo puntual, medio en serio, medio en broma. Los podíamos ver desenvolviéndose en un episodio detectivesco o de espionaje, un episodio romántico, un episodio de casas encantadas o de espíritus, un episodio con un tesoro por medio, un episodio con un avistamiento ovni, con un monstruo de bosque o lago, reviviendo un episodio histórico, aunque fuera familiar, con un viaje en el tiempo, real o soñado; un episodio navideño, un episodio de angustia o crítica social, etc. Incluso, más en los ochenta, surgirán series que no hacían esto como paréntesis dentro del género que tratasen, sino que eran lo bastante elásticas como para que sus historias fluyesen de género en género sin problema ni cuestionamiento.

Así es que esa dinámica posmoderna, absorbente y de límites relativos o difusos servía para aumentar el entretenimiento, para rizar el rizo y sorprender, para estirar el chicle, con suerte, sin perder sabor, etc. y funcionaba acorde con un público hipernutrido en muy diferentes registros, de gustos variados y que, por ello, podía disfrutar de cualquier combinado siempre que la novedad estuviese bien hecha o conectase con él.

Eso fue lo más interesante, cuando se generaron historias que acogían diversidad de situaciones y enfoques. Aquí podemos pensar tanto en televisión como en cine. Algunas películas de los ochenta, a veces desde cómico o lo paródico y otras con la seriedad de la ambigüedad o el juego de «empieza de una manera y acaba de otra» —pensemos en desde Psicosis a Abierto hasta el amanecer, apostaban por una clara mezcla de géneros, entre el pastiche y la feliz combinación. No es raro que también se diera en la literatura viendo que el cine de serie B y serie A lo tocaba y triunfaba con ello. En todo caso, los escritores de las generaciones televisivas tenían una fuente de inspiración para acometer su relectura y amoldamiento propio de los géneros que más le gustaban por medio de su combinación.


   

EL FUTURO DEL GÉNERO FLUIDO

Depende de escritores y lectores que se afiance el género fluido en la literatura, aunque se elija una característica del relato como la rectora a la hora de presentar la obra en público. Lo suyo, en ese caso, sería, como corresponde a cualquier producto de consumo homologado, indicar en el etiquetado algo así como «los ingredientes» y, si es posible, el porcentaje. Por ejemplo:

Género Fluido. Ingredientes: Negra 45 %, Erótica 8 %, Romántica 15 %, Misterio 10 %, Comedia 22 %. Advertencia: Este artículo es un producto natural. Puede contener trazas de ensayo filosófico u otros restos. No apropiado para intolerantes e integristas. País de origen: España. 

Así podría exponerse en cualquiera de mis novelas, y sería la fórmula más honesta para que el lector supiese qué se va a meter entre ojos y espalda y no le salga un sarpullido o le dé una indigestión. Pero hasta eso prefiero que quede en la incertidumbre. Creo que basta con decir el sabor de lo fluido: es un libro fluido policiaco, un libro de terror fluido, un libro de fantaciencia fluida, etc.

Por supuesto, habría que defender la entidad autónoma del género fluido, etiqueta válida y positiva porque libera al ser humano de cortapisas que nos acotan y amoldan el pensamiento con mayor o menor holgura. No quiero decir que se elimine lo viejo, sino que se deje aflorar y tomar forma a lo nuevo y que se considere lícita la etiqueta de «fluido» por mera ley de economía, para no tener que poner una sarta de nombres y apellidos tales como «hardboiled cómico-erótico neovictoriano» o «novela urbana vampírica tragicómica», pongamos. Ahora, que se halla uno con la etiqueta «novela fluida», «novela romántica fluida» o «novela fluida romántica» en la estantería de turno, pues ya sabe que le espera algo por descubrir, que solo la sinopsis o el texto de detrás de la cubierta permitirá atisbar una pizca de lo que contenga el libro. Aténgase a las consecuencias, prospecte y disfrute de la aventura lectora.

Yo escribo fluido, lo reconozco. Esto es, lo mío es el género fluido, literariamente hablando. Llámalo potaje si eres pureta o cóctel si te pirra el glamour  pero a mí me sabe a gloria bendita.


 

miércoles, 3 de junio de 2026

¿QUIÉNES SON HARRY MAESNOW Y MOLLY GRAPES?

 


¿QUIÉNES SON HARRY MAESNOW Y MOLLY GRAPES?

de Fernando Figueroa



Las aventuras y tribulaciones del agente de la Honorable Policía Metropolitana de Rabishpool Harold Maesnow —y también las de la actriz Molly Grapes— ya cuenta con una sarta de reseñas que dan buena cuenta de qué impresión causan. Aquí haré un recopilación de estas impresiones que nos ayude ver en qué reparan más los lectores para sorpresa incluso de su autor y recopilaré nuevos datos que se reparten por la páginas de cada entrega.


Sí, lo reconozco, todo nació por ponerme a preguntar a la IA sobre mis personajes, y darme cuenta de que lo que me responde se basa en lo que han escrito de ellos yo y, lo mejor de todo, mis reseñistas. Por esa razón, he decidido hacer de IA, copiar su extractivo y sintético modus operandi y hacer un retrato robot de los dos principales protagonistas de esta serie, Harry y Molly, Maesnow y Grapes. Con esto, espero alimentar a esa dichosa IA antes de que empiece a inventarse las cosas para rellenar las lagunas de sus biografías.

A lo largo de distintas entregas se ha venido conformado una peculiar comedia humana encabezada por esa pareja de moda en los círculos sociales de la farándula de una ciudad portuaria: Harry Maesnow y Molly Grapes, que son cada uno de su padre y de su madre. Complementarios a veces, chocantes a ratos, encarnan el amor incondicional de un modo británicamente popular, no obstante son de orígenes étnicos diferentes: ella inglesa, él galés. Pecata minuta en una ciudad portuaria donde el pedigrí las raíces y la pureza de sangre es una entelequia enterrada en cuentos de hadas y más propia de canes y de caballos que de seres humanos. El habitante de Rabishpool es de todas partes y de ningún sitio, auténticos hijos del imperio, cosmopolitas en ciernes. Otra cosa es que cada cual lo quiera reconocer.



Pero... ¿quiénes son de concreto Molly y Harry? 

Así, en un par de retazos sinópticos, Harold Maesnow, Harry, Mae o Pulso de Hielo es miembro de una familia más bien conservadora, por vía paterna ha recibido un pensamiento liberal y artesano y por vía materna ha sufrido cierta influencia puritana y timorata. Trabaja en la Honorable Policía Metropolitana de Rabishpool, colocado allí por mediación de un familiar, lo que le hace sufrir el estigma de recomendado en una Inglaterra que abraza con pasión la era de la electricidad. Sin embargo, ideológicamente es un verso libre, ácrata mental, justiciero en praxis, al que le cuesta desinhibirse, que no encaja en ningún sitio y al que no le gustan nada los privilegiados ni los ventajistas, en la medida en que están tentados de abusar de los débiles. En especial, le repatean los aristócratas y le conmueven los oprimidos. También detesta la fruta escarchada y es abstemio, un poema en una ciudad de marineros, pandilleros, obreros y calaveras.

Una de las grandes fantasías de Harry es ponerle una bomba a la reina Victoria, pero no puede porque es policía y se debe a su juramento de mantener el orden, así que espera que lo haga otro y se entretiene fastidiando a sus superiores. Entretanto, enreda en los huecos del sistema para beneficiar a los oprimidos y perjudicar a los opresores.

Dice Jordi (Interrobang): «Tiene un exaltable sentido de la corrección y la justicia, celoso de su honor, maneja el disimulo. Le cuesta dejarse ir». 

Dice Yolanda (La Vida de mi Silencio): «Es un inspector muy capaz y lleno de talento. Su inteligencia le ayuda a encajar las piezas con cierta facilidad, aunque su sentido de la justicia y su forma de trabajar le ponen en más de un aprieto. No obstante, es precisamente eso, sus valores, lo que lo hacen un miembro tan valioso del cuerpo policial. En lo amoroso, su vida es un poco desastre, pues es muy poco hábil a la hora de relacionarse con su interés afectivo, Molly».

Dice Natàlia (Yo Leo Novela): «Sigue siendo un detective imperfecto, alejado del heroísmo clásico. Es un personaje marcado por el cinismo, la introspección y una humanidad que se siente muy real, incluso cuando se mueve en un en un entorno que roza lo absurdo y lo filosófico».

Por su lado, Molly Grapes es de familia laborista, aunque ella comulga más con el socialismo y es una declarada feminista. Su padre es carpintero, un hombre con las ideas claras, y eso que vive rodeado por mujeres, o es gracias a ello, y se le cae la baba con su hija artista. Su madre, una mujer de la clase trabajadora de armas tomar, en cambio no es tan complaciente con su hija y no oculta que le hubiera gustado otro desarrollo para su vida, aunque lo que más le cuesta aceptar es que, pudiendo tener mejor partido, su hijita se encandile de Harry, ¡un canijo!, ¡un policía!, ¡un enemigo de la clase obrera! Pese a todo, Molly es feliz porque vive a su manera y tiene a su hombrecito, al que le encanta reeducarEs la prima donna del Marlowe Theatre, una diosa del burlesque, aunque su relación con su director sea más que tirante. Sin complejos, con conciencia de clase, su patria es el teatro y su bandera la filantropía. Con una creatividad inquieta (y hasta desbocada), un vivo afán por renovar y dignificar el arte escénico, con ese espíritu revolucionario y siendo una ávida lectora de literatura erótica, no es extraño que ansíe dar rienda suelta a sus fantasías sexuales con Harry de protagonista. 

Los grandes sueños de Molly son visitar París y un día tener su propia compañía y su propio teatro. Patrocina una casa de acogida para niñas de la calle y exprostitutas.

Dice Jordi Valero (Interrobang): «Una joven insumisa, que mantiene el difícil equilibrio entre conservar principios y satisfacer caprichos, feminista con feminidad. Molly es la que tira de la relación. Tensa la moralidad y las convenciones. (...) Sus acciones y pensamientos trascienden el feminismo de salón, que queda rancio ante su iconoclastia militante».

Dice Natàlia (Yo Leo Novela): «Molly Grapes, la mujer fuerte y decidida, sigue siendo una de las grandes apuestas de la novela, y sus diálogos con Maesnow son un torrente de fuego que, a veces, es casi un alivio frente a la oscuridad que los rodea».

Dice Yolanda (La Vida de mi Silencio): «Tiene las cosas muy claras. Sabe lidiar perfectamente con el carácter de Harry y no duda en enfrentarse a él cuando se está comportando como un estúpido. Asimismo, es de armas tomar, la perfecta definición de mujer empoderada de la época. Se vale por sí misma, tiene un oficio en el que se deja la piel y no deja que nadie la pise».

Ambos se conocieron de niños, vivían en la misma barriada en Lowgrith, formaban parte de la misma pandilla, y, tras sus más y sus menos, años después, acabaron juntos, y hasta ahí, que para ella el matrimonio no es más que un convencionalismo burgués por el que no piensa pasar jamás. A Harry tampoco le convence casarse, aunque tampoco diría que no. Cualquier cosa por seguir estando con ella. Respecto a forma de relacionarse, tienen sus más y sus menos, son celosos los dos a su modo como también se preocupan por cuidar de los intereses del otro a su manera y tienen sus detallitos. En lo sexual, hay cierta desventaja por parte de Harry, aunque se complementan a la perfección. No obstante, ambos perdieron la virginidad con otras personas —eso Molly no lo sabe, que se considera la mentora sexual de Harry—, pero la liberación de Molly hace que le lleve una ventaja de varias cabezas.

Algo que les une mucho es la curiosidad y la sed de justicia. Juntos son imparables a la hora de resolver un problema, aunque cada uno coja un hilo distinto para desenredar la madeja y tenga su propio estilo.






viernes, 22 de mayo de 2026

X FERIA DEL LIBRO DE VALLECAS







EN LA X FERIA DE PUENTE VALLECAS

Fernando Figueroa



SINOPSIS: De mano de Pepa Hidalgo, pude participar una vez en la Feria del Libro de Puente de Vallecas, en el apartado de Autoedición, que este año contaba con dos casetas. Esta experiencia revertirá en un cúmulo de recuerdos y reflexiones, ausencias y nuevas relaciones, que es lo que trae el tiempo y este tipo de mercadillos al aire libre.

 

Vender tus libros, firmar alguno, conversar con colegas, escuchar las mesas redondas, ver actuaciones, asistir a presentaciones, atender a seguidores, hacer contactos... Todo ello forma parte del devenir de este tipo de eventos, además de sumergirse en toda esa atmósfera barrial que hace de este encuentro en un paraje como el Bulevar, concurrido por todo tipo de fauna animal y humana, una experiencia intensa y berlanguiana hasta el esperpento pasoliniano.

Este año no tocó presentar libro, pero eso no impedía cargar con mi novedad Comillos de metal, que fue el libro más vendido de toda la sarta de títulos de los que llevé al menos un ejemplar. Un surtido en el que no faltó ninguno de los libros que configuran las Historias vallecanas ni la serie de las mujeres-globo, las aventuras y tribulaciones de Harry Maesnow y Molly Grapes o el Kómete a los rikos, esa sátira tan nutritiva. Tampoco, los libros de mi abuelo.

En cuanto a ventas, el libro mejor posicionado de los seis títulos que tuvieron venta fue Comillos de metal, comprado por los amantes del misterio sobrenatural y buena parte de ellos lectores de Expediente Bélmez, la entrega autoconclusiva anterior donde salían buena parte de sus protagonistas. Alguna lectora lo compró decantada porque se sumaba al género la localización de la historia en Vallecas, sin duda un plus para esta feria. Por cierto, de nuevo la mayoría de mis lectores son mujeres, lo que es una pauta generalizada con mi literatura.

El segundo libro fue Kómete a los rikos. No es de extrañar en un barrio obrero y encantado de ampliar su variedad gastronómica tan cosmopolita con propuestas imaginativas. Son buenos tiempos para la sátira política y lecturas ligeras pero con sustancia.

El hit parade quedó como sigue:

1) Comillos de metal

2) Kómete a los rikos

3) Graphímeros

4) Mujeres-globo: mito o realidad 

Hay que decir que compartí caseta con el escritor Julián de García y Casero, que vendía su libro Las quince gordas, todo un personaje de la jungla de asfalto y una agradable compañía. También estuve con otros ases de la autoedición: Patricia Duró, Susana Rossignoli Fernández, Laura García Fernández, Jonatan Manzano, Juan José Saavedra Esteban, Sergio P. Delgado, etc., algunos de ellos, otros tantos talentos de Entrevías o Vallecas. Más la confraternidad con primeras figuras, segundas, perseverantes, principiantes..., en fin, todas las categorías de amantes del arte de escribir, ilustrar o comiquear que hay y que caben en esta feria de barrio barrio.

En fin, una experiencia más, donde lo mejor es escuchar a tus lectores y ganar lectores nuevos, y otra nueva ocasión para dar visibilidad, cara a cara y frente al mundillo dispar editorial, a una producción que recorre la novela negra, la novela de fantasía o la ucrónica, la novela urbana, la sátira, la novela paranormal o el ensayo académico.




domingo, 3 de mayo de 2026

EL TROTAMUNDOS

 





EL TROTAMUNDOS

Microrrelato de Fernando Figueroa


A medio camino entre Roma y Florencia, se divisa la pequeña ciudad de Asís, como un nido en la falda de los Apeninos. A menudo lamento pasar de largo, pues siento el impulso de subir y preguntar por su insigne vecino, aquel bendito juglar que hablaba con los pájaros, los lobos o la luna entre risas. Sé que, cuando uno tiene un rumbo fijo, no piensa en desviarse; es mejor no tentar a los azares. También que hay puertas que se abren y otras que se cierran, y que los imprevistos son parte de esto, como la esperanza, pero... No valía la pena ir por ahí. Perderse y... Ahora que..., y si...

Me pierde pensar que quizás viva allá algún pariente de ese santo varón, un vecino por cuyas venas corra la sangre que regó su alma de bondad, alimentó su espíritu caritativo de sencillez e inflamó su ánimo fraternal con una inusitada confianza. Me intriga ver si por su rostro se permea algo de ese carisma, el eco vibrante de una presencia angélica. Sería reconfortante con este frío. Nunca conocí al descendiente de un santo. Sí conocí a muchos hijos de auténticos cabrones y hasta del mismísimo Satanás. Se quedan atrapados en los cruces y suelen dejarte tranquilo si no los llamas o no los miras. Por los caminos, si vas derecho, vas en paz y, a veces, conoces a algún amigo que desaparecerá en el silencio de la noche porque tomó un desvío. Yo prefiero no complicarme.

 

Este microrrelato responde a la convocatoria del blog El Tintero de Oro para participar en el microrreto Microrrelatos de mayo: ¿Y tú qué lees?:

Escribe un microrrelato de 250 palabras utilizando la primera frase del tercer capítulo del tercer libro que esté en la tercera estantería de tu biblioteca personal. Si auxilio de la IA.

Dicho y hecho, me tocó el libro Los siglos del arte gótico de la editorial Daimon (1983), y ahí está mi contribución con 250 palabras clavadas que, espero, deleiten al lector como otras veces he hecho.

De paso, aquí os dejo los enlaces de mis anteriores microrrelatos para El Tintero de Oro:


El fuego es mío


En el taller de Nebel