
RESCATANDO ENTREVISTA
Yolanda T. Villar y Fernando Figueroa
Hace semanas os compartí mi chasco al comprobar la desaparición del blog literario y teatral El Gato Trotero, cuya capitana había conectado tan bien con mi literatura que me estuvo apoyando dándome visibilidad entre sus seguidores.
A Yolanda nunca la conocí en persona. Me la presentó digitalmente otra colega escritora, Ana Belén Rodríguez Patiño, en la confianza de que podrían gustarle mis libros de la serie de las mujeres-globo. No se equivocó: ¡le encantaron! Al tiempo, me hizo una entrevista. Quería que la gente supiese de mi talento y de esas criaturillas que flotaban por el viento para librarnos de tormentos.
Con la serie de Harry Maesnow y Molly Grapes, renové su interés por mis textos. No era raro, pues siendo amante del teatro y las novelas de misterio, históricas y románticas, era jugada ganadora. Pero... Solo leyó la primera. No pudo leer la segunda entrega. Una desgracia, un problema de salud grave, la alejó de los blogs y le impidió seguir leyendo.
Por años se mantuvo activo el blog, que compartía con el que creo era su pareja. Allí podían verse esas reseñas que me dedicó tan amablemente y también esta entrevista que rescato para que no se pierda, con algunas de las fotos que la acompañaban, hechas por otra amiga, fotógrafa e italiana, E-Lilith. Vale la pena leerla, aunque ya su contenido huela a ciberarqueología o a memorias de lo fue y de lo que no pudo ser.
ENTREVISTA CON… FERNANDO FIGUEROA
Bienvenido a nuestro Tejado, Fernando, en este peculiar callejón, un suburbio para marginales literarios, y lo digo con orgullo, gracias
por formar parte de nuestra inmensa minoría —de momento—. ¿Cree
usted que al lector hay que darle lo que pide o hay que enseñarle un
amplio muestrario para que pueda elegir, y sobre todo, que sepa
escoger?
El
lector es un ser polimorfo, compuesto de muchas personalidades,
formaciones, gustos y mundos interiores. Darle lo que pide no entraña
trabajar para la uniformidad. Cierto que da la impresión de vivirse
un sota, caballo y rey, y puede que interese a cierto sector
mercantil reducir y compartimentar al público en bloques homologados
y homogéneos; pero sabemos que hay lectores que no se sienten a
gusto con las etiquetas existentes o con la fritanga literaria, por
no hablar de la tendencia de algunos escritores por romper moldes,
entremezclar géneros e innovar en formatos. Me identifico con todos
ellos y las editoriales que apuestan por salirse de las convenciones.
El lector debe ser ante todo un explorador, no un simple consumidor.
El lector tiene derecho a pedir lo que le apetece, pero hay que
facilitar que ejerza su capacidad de elección y que gobierne su
apetito lector con criterio, consciente de que existen otras
literaturas o estilos que no tienen hueco en los grandes escaparates.
Mi instinto me dice que si hay autores libres habrá lectores libres,
y viceversa.
Por otro
lado, creo que no hay libro malo, si hay un buen lector que le sepa
sacar el jugo. Ese es, para mí, el verdadero lector culto, el que es
capaz de disfrutar de una rosa de la misma manera que mirando una
piedra. Existe un lector malo, el que mastica perlas como si fueran
altramuces, comulga con tochos de molino y encima cree que ha perdido
el tiempo.

Escuché hace algún tiempo en una tertulia radiofónica, decir a un
veterano escritor aficionado que los autores —independientemente de
su talento— escribían para un primer mundo (literario se
sobreentendía) pero eran leídos por un segundo o tercer mundo según
si eran bautizados por un padrino pudiente o apadrinados por una ONG.
Me encantó la metáfora. ¿Cómo ve usted actualmente el mercado
editorial, hay submundos comerciales? ¿En verdad solo se bautizan
los que tienen padrinos?
Para mí
el mundo editorial sigue siendo un misterio y, cuando lo miro desde
la barrera, no puedo evitar poner el cartelito de «aquí hay
monstruos». Como en toda la industria y la institución cultural,
se configura en una red de círculos sociales en los que juega un
gran papel las relaciones públicas y, por tanto, el apadrinamiento
sigue estando vigente para poder ingresar a cierto nivel, con lo
bueno y lo malo que tiene. Personalmente detesto los paripés, por
eso es maravilloso seguir encontrando oasis, divulgadores, editores o
libreros que aman el libro y a la literatura y, por tanto, respetan a
los creadores y apuestan por ellos y su obra: esos son los buenos
padrinos.
Con
todo, me siento cómodo con la autoedición. No es un reproche,
aspiro a publicar en editoriales si la propuesta me convence, pero
creo que existe una buena oportunidad histórica para que los autores
participen activamente en el proceso de publicación. En este momento
me encanta dar forma a la primera edición de mis textos. Se adecúa
a mi ser artístico y, en parte, bebe del ejemplo de mi abuelo
Eugenio. Él no pudo ir a la escuela, tenía que trabajar en el
campo, pero fue capaz de escribir poesía, relatos y varias novelas.
Por desgracia fue un escritor sin libros, porque cuando pudo publicar
la censura franquista truncó su ilusión. Antes era muy difícil que
te publicasen, pero eso no le detuvo. Se hacía sus ediciones con
fotocopias y las encuadernaba a mano, contento de regalárselos a
colegas, amigos, familia y vecinos, siguiendo la máxima «del autor
al lector». Con tal ejemplo y los medios que hay, ¡cómo no
autoeditarse hoy en día! Sin embargo, ahora el reto no es publicar,
sino que el libro se distribuya y que se lea, sobre todo eso, que te
lean.
Ahora que acabamos de disfrutar de las distintas ferias del libro,
muchos autores y editoriales hacen balance, otros deberían hacer
examen de conciencia, sobre el éxito de ventas o firmas, pero
¿actualmente son las ferias un trampolín o un escaparate? ¿Llegan
a ellas los que tienen posibilidades de ventas o son las ventas
durante las mismas las que marcarán el futuro inmediato del autor?Tiene
algo de reconocimiento, ilusiona formar parte, pero no creo que
puedan considerarse las ferias como trampolines ni tampoco la mejor
forma para conseguir ese feed-back
que de verdad buscas, te retroalimenta y te impulsa a seguir. Me
parece más eficaz y positiva la organización de festivales
especializados, de encuentros literarios, mesas redondas o
presentaciones con autores vivos (estaría chulo que se hiciera
también con autores muertos, daría de comer a muchos actores), pues
permiten poner cara, voz y más alma a los libros, y diluir la
distancia entre lectores, autores y editores. Cuando se ve que tras
uno y otra lado de la tramoya hay seres humanos las cosas se relajan
y vibra la vida. Que alguien te pida que le dediques un libro, no
tiene precio. Aunque sepa a poco, porque lo que deseas en verdad es
que te comente cosas de su lectura. Se llama comunicación,
compartir, completar el acto creativo, festejar la vida.
Sobre el
tema de las ventas, todo lo que dices tiene cabida, sobre todo si
hablamos en términos de negocio. Pero no podemos dejar en las ferias
el futuro de un autor, sobre todo primerizo. Hay ahora otros frentes,
como la exposición mediática. Creo que está tomando un gran peso y
generando cauces alternativos, por ejemplo en Internet. Eso sí,
exige al autor ciertas dotes sociales y conocimiento del medio. Ahí
se camina en el filo de la navaja, pues saber en qué medida uno se
está plegando a la industria del espectáculo depende de cómo se
tengan asentados los pies en el suelo, comprenda lo lúdico de la
aventura y mantenga una viva y constructiva actitud autocrítica.
Yo me
contento con producir y compartir momentos bellos e intensos. Pensar
en ganar dinero me bloquea. Necesito para crear, pensar con libertad.
¿Hay algún agente literario por la sala? ¿Un mecenas manirroto,
por casualidad?
Licenciado en Geografía e Historia, sección Historia del Arte. Le
confieso que he leído su tesis y mi primera sorpresa me la llevo al
leer el título:
El graffiti movement en Vallecas.
Y no dejo de sorprenderme según voy leyendo y casi casi me encuentro
con una novela negra neourbana más que una tesis. Creo que a estas
alturas son pocos los que aún piensan que el graffiti no es un arte,
pero ¿Es ya parte de la Historia del Arte? ¿Qué necesitaría para
llegar a serlo? Y perdone mi curiosidad pero ¿Qué tiene este estilo
de vida para atraer la atención de un licenciado en Arte?


Es parte
de la Historia del Arte y de la Humanidad. Se puede discutir, pero no
se puede ocultar. Su estudio me atrajo por lo que comporta de trabajo
de campo, por exigir una exploración del entorno, abrir la mente a
la inmensidad del hecho cultural y enfrentarse a los prejuicios y
esquemas que se nos inculcan desde el olimpo de la alta cultura. Por
lo que de quijote me toca, disfruto mucho velando por la comprensión
y dignidad de algunos fenómenos culturales que me parecen muy
frescos y naturales, y resaltar el aspecto humano de las cosas a
través del ensayo. En el fondo me apasiona. Por ejemplo, en mis
textos fantásticos suelo hacer algún guiño al grafiti. Me parece
un aspecto además muy anulado en las novelas históricas o
fantásticas, cuando ha sido de largo un medio de expresión muy
común, aunque nuestra cultura lo considere algo exclusivo de nuestro
tiempo o algo impropio o insignificante. Creo que en ese terreno se
junta con muy poca sensibilidad la ignorancia y el prejuicio.
Al igual que otros movimientos artísticos, el Graffiti
tiene
sus matices, tiempos, estilos. ¿Estaríamos hablando de un género
artístico en sí mismo o un subgénero? En los años ochenta se
hablaba del graffiti como la auténtica voz y expresión del pueblo.
El tema
es complejo, más si hablas con alguien que entiende el grafiti como
una esfera de expresión en la que se remueven diferentes tipologías.
Podríamos dejarlo en que el grafiti es un medio que ha dado lugar a
la subcultura de los writers
o escritores de graffiti y a un movimiento, desde el Writing al
Aerosol Art. También se puede entender como un estilo
gráfico-plástico, pero no es un género o subgénero, eso se deriva
del análisis de sus contenidos, que tocan muchos palos, o de si
surgiese algo llamado «literatura-grafiti», que podríamos
presuponer próxima a un juego dadaísta, una escritura automática o
un universo underground.
Por cierto, ¿no has mentado a Reverte? Suele pasar últimamente
cuando se habla de graffiti en los ambientes literarios.
Si hablamos de Glub pensamos irremediablemente en hip-hop, al gran Muelle
se le identificaba con el pop-rock y la movida madrileña, Haring y
los sonidos de los clubs nocturnos de New York, Banksy y la cultura pop londinense. ¿Está irremediablemente unido el
movimiento grafitero a la música? ¿Quién complementa a quién?
Estaría bien una música salida única y exclusivamente del
graffiti, algo así y perdone mi atrevimiento e ignorancia, ¿melografía?, y no vale reírse.
El
grafiti es agitación, movimiento, ritmo, es lo que tiene ubicarse
en la calle, escuchar el corazón y establecer un baile con las
normas. La evolución del grafiti contemporáneo no se puede
entender fuera de los parámetros del jazz, el rock & roll, la
psicodelia, el rock urbano, el heavy metal, el punk, el hip hop…
como diría Raimundo Molinos, es
purita vida, jajá. Lo de
melografía tiene su gracia, no puede negarse. Quizás el grafiti
sea la excitación de la melanina urbana, las pequitas de un monstruo
de hormigón que lo convierten en un ser simpático, inofensivo y
entrañable. También puede ser la miel de lo cotidiano, chorreada
sobre el pastel de asfalto que nos toca patear uno y otro día, y nos
pringa con un extracto sucedáneo de esa naturaleza que añoramos
como animales sentimentales. Uff, puede ser tantas cosas… Enchufa
la radio que quiero pintar o escribir, que si no, no me sale.
Tres libros sobre el universo graffiti, un libro sobre la Venecia del
siglo XVII y cuatro a cerca de las Mujeres-globo. Aparentemente nada
que ver unos con otros, aunque ninguno de ellos entraría dentro de
lo habitual en el mercado literario actual. ¿El Fernando escritor se
sale de la norma por convencimiento puro, por casualidad o es algo
premeditado y organizado? Y es que en este mundillo he visto de todo,
nada me sorprendería.
Soy hijo
de la posmodernidad. Me crie entre libros, tebeos y una televisión,
la plastelina era mi juguete favorito, junto a un hermano con tanta o
más fantasía, creatividad y arte que yo, en un barrio de periferia,
entre la ciudad y el campo, en un tiempo de transición, en el que
convivía la España feudal con una España que anhelaba ver llegar,
con los ojos como platos, los prodigios del año 2000; así que soy
una persona de frontera, con un raro sentimiento de universalidad. En
esas cómo para estarme quieto en la era nuclear. Aunque esté
sentado, mi mente no deja de enredar. Siempre me gustó imaginar,
darle vueltas a las cosas, con conocimiento de causa y perspectiva de
disfrute. En lo artístico prefiero confiarme a la intuición
ilustrada que a la planificación sesuda. Me divierte más. Soy
escritor de brújula y eso me permite que aflore mi personalidad en
todo lo que hago. También soy un poco rebelde y cabezón, lo que no
tiene precio para cambiar de rumbo, sorprender, y llegar a algún
puerto, se llegue con la barca más o menos entera. Creo que un
verdadero compromiso por la cultura implica amar y conservar la
tradición sin ser esclavo del pasado y crear sin olvidar que la
humanidad aún no ha dado todo de sí, aunque suela repetirse para lo
bueno y lo malo, porque hay cosas que siempre funcionarán. No
olvides tampoco que mi alma es de payaso y eso entraña jugar
continuamente con las convenciones, cultivar la consciencia de la
mecánica humana y social, darle alas a la mirada excéntrica y
expurgar de lo humano lo negativo. La infelicidad no puede ser mi
patria, si mi bandera es una sonrisa.
¿Cómo llegó usted al universo pompínico, Fernando? ¿Fue difícil
coger semejante tema y manufacturarlo para convertirlo en un tema
apasionante y atrayente al lector? Ha debido serlo pues uno no llega
a escribir cuatro libros sobre el tema sin perder ni un ápice de
interés por parte del público ni calidad por parte suya.
Vinieron
caídas del cielo, un día, sin esperarlo. Abrí los ojos y ahí
estaban, dándome capones en la loma de mi corazón. Las
mujeres-globo son mi locura, las niñas de mis ojos. Hombre, son las
hermanitas locas de una hermana mayor, Angelina Trisole de
Ghiandachiara, que la tengo bastante olvidada, pese a tener en el
cajón la tercera parte de sus aventuras. Nacieron de las
ilustraciones que hacía para El
libro de Angelina. Ellas me
ayudan a mantener la esperanza en el ser humano, velan por mi vínculo
con la Naturaleza, presiento incluso que me reconectan con mi paraíso
infantil, con ese primer imaginario en el que las redondeces son la
manifestación del paraíso.
Sobre la
manufactura de sus historias, disfruto como un enano. Fluyen. Me
ponen a prueba y sacan de mí al niño travieso y avispado que tengo
dentro, desde el poso del adulto. Cierto que he tenido mis miedos.
¿Qué autor no los tiene cuando quiere hacer una obra que se
entienda y toque de alguna manera al lector? Por otro lado, quiero
que el lector encuentre contenidos que le nutran intelectual y
emocionalmente, sin aburrirlo, que sean en un punto familiares, pero
que le sorprendan. Creo que si el autor se divierte creando,
conseguir que el lector disfrute es pan comido. Aparte, aunque me
educaron a ver personas, cuando creo mis historias pienso mucho en la
posible lectora. Es sólo un juego, un impulso más para crear, pero
creo que la literatura se ha convertido en un mundo muy femenino
(basta con darse un paseo por el mundillo) y me alegra mucho
conseguir hacer vibrar, mental o cardiacamente, antes a una lectora
que a un lector. Sé que muchos lectores heterosexuales y algunas
lectoras me entenderán de sobra.
Corren malos tiempos para la cultura, tal vez no debería uno
arriesgar y dedicarse a escribir lo que funciona, lo que vende. ¿Quién
lo tiene más difícil en estos momentos, los artistas o los
escritores? Si el libro está en crisis, la compra de Arte y la
difusión no están mejor. ¿De quién es la culpa, si es que hay un
culpable?, y por ende: ¿de quién es o dónde está la solución?
Toda la
Cultura lo pasa mal, porque nuestro modelo social no está al
servicio de los valores humanistas y del desarrollo pleno del
individuo. Me muevo en varios ambientes (músicos, teatreros,
ilustradores, pintores, investigadores, payasos…) y en todos se
dice lo mismo: que si se hace de balde, que si se paga mal… que si
un día consigues vender un cuadro a precio de fábrica o de amigo,
que si tienes público para cubrir el gasto de vestuario y portes o
que si te leen tres almas cándidas a las que les hayas regalado o
vendido el libro, date por contento, que es un día grande. Por no
hablar de la endogamia del arte o del mundo académico. El
público-público, ajeno al sistema de formación, producción y
exhibición, está en extinción. Ahí está ese gran peligro que
parece mitigarse cuando se tiene la fortuna de situarse en el
mainstream o
entras en la esfera de los medios de comunicación, en fin, la
sociedad del espectáculo. Bueno, sobra decir que ser periodista o
salir en la tele facilita pisar con más holgura, sobre todo te
favorece la promoción.
Nos
libraríamos de muchos tormentos si existiese un público potente,
extenso, frondoso y florido. Es la pieza clave y la más endeble
ahora del armazón cultural. No es algo insignificante, porque en un
contexto democrático, el déficit de un público cultural no se
desliga del drama de una ciudadanía convertida en una masa de
borregos, insensible a su entorno y presa de la satisfacción
inmediata. Para el público que siente pasión, el dinero no
representa un escollo, es una minucia. Lo vemos en otros campos,
piensa sólo en lo que cuesta ir a ver un partido de fútbol o irse
de tapas. Pasión y aprecio van de la mano, no importa que haya que
poner guita para llegar a la Luna, acabar con una enfermedad
endémica, llenar la casa de artesanías, gastarte la mitad del pan
en libros. Si nuestra sociedad no mirase la cultura como a un bicho
raro que da igual que se extinga, no haría falta protegerla mediante
subvenciones o sobrevivir entregándose a clientelismos. Es un
derecho social e individual, reconocido no por azar por las leyes
contemporáneas.
Hay algunos artistas que han unido fuerzas y talento junto a
escritores creando juntos obras plásticas y literarias magníficas,
hay un maravilloso libro de escritoras y pintoras, por poner un
ejemplo, que se llama El
Arte no tiene nacionalidad y
en el cual poetas y pintoras aúnan fuerzas y acompañan sus trabajos
mutuos dándoles más repercusión. ¿El Arte deberá unirse a las
letras para conseguir mayor profusión, será ese el futuro que le
espera a ambos? Coaliciones hasta en la cultura para salir adelante.
Estoy a
favor de la interdisciplinaridad, la cooperación, las
colaboraciones, la ruptura de fronteras… sin que eso comporte
perder el horizonte y mantener lo peculiar de tal o cual materia. Es
aquello de juntos pero no revueltos, porque hay que saber cocinarlo.
Aun así, me parece maravilloso cuando se hacen proyectos en los que
se funde y confunde la autoría o se combinan diferentes artes con
maestría. La mezcla fortalece, si ambos mundos entienden lo que
puede aportar cada cual y la mejor forma de engranarse. La fórmula
es consagrarse en el objetivo y echar por la borda los egos. Cierto
que, cuando uno domina varias artes, intenta también combinarlas,
porque enriquece, complementa y completa. Me encanta ilustrar mis
libros, o «textuar» mis dibujos. Eso, junto al uso de
pseudónimos, hacen vibrar los libros de una forma especial. Andan
solos.
He leído de usted que tiene formación polifacética:
historiadora-arqueóloga, gráfico-plástica, actoral-escénica,
literaria y docente (conociendo su obra y proyectos se quedan cortos)
y yo me pregunto ¿Y para cuando un Fernando músico-locura?
llamémosle musíloco —por
lo que encierra de atrevido y transgresor, que lo tiene—. Es más, ¿porqué no una música aérea para las pompinées? Y una quinta
entrega, pues ya sabe lo que dicen, que no hay quinto malo.
Bueno,
actualmente, estoy en la compañía Musiclown y le damos a la
payasada a ritmo de musical. Somos un grupito talludito y, por tanto,
muy ochentero. La música y el humor son un buen cóctel.
Las
pompinas son ya muy musiquillas ellas, se criaron arrulladas por el
viento entre las ramas. A veces, se pasan de zumbonas, pero va en su
temperamento, no saben contenerse. Hacen tanto caso del qué dirán
como del arroz de Catalina. Tan pronto pegan los labios y te hacen un
bocca chiusa
entre los rosales, que te chillan haciendo el indio encima de la
lumbre. Se les perdona todo, porque no saben de culpas y sí mucho
del cariño. Ahora si les da por ser ratoneras, ya puedes buscarte
unos buenos tapones para los oídos que la cosa va para largo.
Sobre la
quinta entrega, anda incubándose. Creo que será una historia
unitaria, aún no sé en qué clave. Quién sabe. Quizás, algunos de
los libros citados en la tercera o cuarta entrega. No sé. Ya sabes
que es un proyecto con sus ramificaciones.
El futuro. Las nuevas generaciones. Los niños y el Arte. Los niños
y la música. Arte y lectura como terapia, como enseñanza. ¿Qué
porvenir le espera a la Cultura, serán estas nuevas generaciones un
relevo, un soplo de aire fresco o el armagedón literario? ¿Las
nuevas tecnologías harán de nuestros niños seres sin creatividad o
todo lo contrario?
Soy un
optimista nato, pero me aterra el futuro en esta encrucijada sin
igual en la historia de nuestra especie y nuestro papel en la Tierra.
Conocer al ser humano te inunda de fe y al tiempo te puede desesperar
hasta la amargura. La tecnología no ha liberado al ser humano como
habría sido deseable. Nos ha dado herramientas, como en su día la
industria, pero seguimos presos de la economía, del trabajo como
forma de subsistencia y núcleo de la actividad social, de la
oligopolización mediática. Nuestro instinto gregario se ve
manipulado, se nos separa en multitud de pseudoidentidades para luego
reunirnos en masa, se nos convence de que necesitamos intermediarios,
que seremos siempre incompletos, inmaduros, insatisfechos, se nos
utiliza de mil maneras para el beneficio de unos pocos, esa panda de
borregueros visibles e invisibles que no han pensado nunca en bajarse
de la burra y trotar a nuestro lado como congéneres. Sin embargo, la
misma creatividad humana podría salvarnos. Sólo hace falta cultura,
corazón, determinación y consciencia de en donde estamos metidos y
del infinito que nos rodea.
Nacemos
para manipular la materia y explorar un entorno físico, desde
nuestros cuerpos, no para estar encerrados entre cuatro paredes
mirando una pantalla y agitando los deditos. No se puede castrar a un
niño, sobredimensionando sus reflejos mecánicos, y podarlo al gusto
de un mercado tecnológico que busca ampliar su cuota de negocio.
Estamos jugando con un ser emocional por construirse, que ha de
desarrollar sus capacidades en sociedad, desde lo sensorial y lo
afectivo. Creatividad es hacer el amor con la materia y las ideas,
transmitir la vida a lo que nos rodea. También es muy importante
trabajar los vínculos intergeneracionales, para que cuaje la
filantropía, y la tecnología está creando una fractura bestial.
Una generación huérfana podría ser nefasto para el destino
de la cultura, de la democracia, del planeta y de nosotros mismos
como especie.
Muchas gracias por su tiempo, su talento y su obra, ha sido un placer
inmenso conocerle y disfrutar de su obra y su persona.
Este
Gato es su Gato. Para cuando quiera, los suburbios y arrabales
literarios le esperan, y no olvide que con mucho orgullo. Gracias
Fernando. Hasta pronto.
Igualmente,
por dejarme trotear por estos lares gatunos, donde arte y literatura
se dan la mano y se regalan un beso. Gracias de corazón.
Una
entrevista de Yolanda T. Villar
Así acababa la entrevista. No recuerdo el año. Podría ser 2018. En todo caso, no importa la fecha, importa que poca gente presta atención a los principiantes y que conocí a una persona simpática y entusiasta, tenía una fan de rompe y rasga. Lo cierto es que sus reseñas nunca me reportaron ninguna venta —nunca pasa con las reseñas cuando no se es conocido—, pero supusieron un apoyo moral impagable que me hizo soñar con que algún día mis libros serían leídos por mucha gente desconocida pero amiga.