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miércoles, 11 de febrero de 2026

COLMILLOS DE METAL FRAGMENTO

Cubierta de Colmillos de metal


COLMILLOS DE METAL

(fragmento)

texto de Fernando Figueroa



SINOPSIS: Febrero de 1985. Cada vez aparecen más y más yonquis muertos en las calles con unas extrañas marcas. Uno de ellos es un colega y vecino de Tralla, un baterista de heavy metal y seguidor de Aleister Crowley, que tratará de desentrañar el misterio que hay detrás. Guiado por la Providencia trazará un plan para capturar al culpable, que sólo podrá llevar a cabo con la colaboración de sus amigos. Juntos o por separado, se enfrentarán al mal que anida en la noche y que amenaza con devastar Madrid. A ritmo de sexo, drogas, rock y magiak, descubriremos la historia oculta de Vallecas.


Para abrir boca y poner los dientes largos, aquí selecciono un fragmento de la novela Colmillos de metal, para que el lector se haga una idea de su contenido, en estilo y tema. Además, sirve de microrrelato si lo miras bien. Para date una pista del contexto, te diré que te asomas al interior de un bar de barrio que está al lado de una comisaría.


FRAGMENTO DEL CAPÍTULO VI: ME VOY DE GRIPE


¡No me jodas! Un vampiro no mordería un cuerpo muerto. No son tan carroñeros. Les gustan los cuerpos hermosos y sanos, sa-nos. Además, hay tíos también mordidos. Lo dicho, ¡fábulas! Me parece más probable que haya sido un perro o una rata a que se lo hiciese un desquiciado. Hay que tener muchas ganas para acercarse a un cadáver y morderlo.

A lo mejor estaba moribunda y el monstruo aprovechó su debilidad para desatar su instinto criminal y... ¡zasca!, morder.

No le des más vueltas. Recuerda: no hay hemorragias, no hay manchas. Los mordieron muertos.

¿Y marcaje de bandas?

Pse. No cuadra. ¿Qué significado tiene una marca de dientes en el cuello? ¿Quién llevaría una rata consigo para hacer esa pifia?

Volvemos al loco suelto. Imagina que es una desviación sexual, un loco con fijación por los cadáveres, un necrófilo, que los hay, que en el éxtasis de su delirio muerde.

Menuda casualidad que el pichabrava se encuentre con todos los yonquis muertos del barrio para satisfacerse. ¿No los andaría buscando?

Hay tipos que tienen imán para lo que quieren. Más si se mueven de noche.

Con veinte años todos tenemos imán las veinticuatro horas. Luego cumples años y el imán se va apagando.

Además, maricón, que le daba igual carne que pescao, mujeres y hombres —se recreaba en el morbo—. Este no le hace ascos a nada mientras se estén quietecitos.

Hay que tener ganas. Pero no hay señales de penetración ni rastros de semen.

Otra cosa que tengo que revisar.

A las buenas, se le aplicaría el 577 y no el 340 por no mediar destrozo sepulcral. Al loco le saldría el muerdo por lo mismo que le costaría a ese… —Señaló a Tralla—… un polvo con una puta de Carretas.

¿Le habían visto cara de putero? De pulpo podía ser, que de lo que se come se cría, pero ¡de putero? Nasti de plasti. Tralla pasó de alusiones. Que le llamasen lo que les diera la gana, que él estaba ahí nutriéndose de actualidad extraoficial cosa mala y a su costa. La información aprovecha a quien sabe conectarla con sus intereses.

Profanar cadáveres sale barato en este maldito país.

Las leyes están hechas para los vivos. A los muertos que los jodan.

Tiene que merodear por los mismos rincones que los yonquis.

Pues será uno de ellos. O un mendigo. ¿No te parece?

Qué rebuscado lo del mendigo. ¿Qué mendigos tenemos por el barrio? Todos andan por el centro. Dedícate a escribir novelas, macho.

Lo haría si diesen dinero y no me metiese en líos con los jefes. —Pidió otra cerveza—. Pero me tienes que reconocer que hay gente muy tocada del ala, que le da por creerse lo que ha visto en una película. ¿Has oído eso del niño que se tiró del balcón pensando que era Supermán o lo del tío ese que se creía Charles Bronson y se puso las Navidades pasadas a limpiar el metro de Nueva York a balazos?

Como cunda el ejemplo, nos dejan sin empleo.

En año nuevo echaron por la tele esa peli de vampiros… Esa de… Era de risa pero menudos mordiscos. La actriz protagonista estaba como un tren. Supón que sea un loco que se cree vampiro porque ha visto mucho cine.

No insistas. Aunque en Jefatura se lo lleguen a creer, eso no se puede contar así como así a la prensa. Se puede malinterpretar. Sugerir que un energúmeno está haciendo una escabechina crearía mucha alarma social, cuando son las jodidas ratas que ha habido de toda la vida por donde las vías o chuchos sueltos, asilvestrados, los que muy seguramente estarán desluciendo los cuerpos de los yonquis. ¿Recuerdas lo que pasó con la colza o el cáncer gay, la de psicosis que hubo? Y eso que ahí el peligro era invisible…

Hum.

—… La jodemos si decimos algo así.

A veces alarmar no es tan malo. Nos recuerda que vamos juntos en el mismo barco, que somos todos iguales frente a la calamidad, que los humanos somos fuente y objeto de las mayores atrocidades porque, a efectos de sentir pavor o de provocar terror, da igual la naturaleza humana o sobrenatural del personaje que nos aceche, ya que el pánico lo llevamos dentro desde antes de nacer. Que levante la mano quien no tuvo miedo de salir por el agujero.



Portada versión Kindle

Castellano

284 páginas
15,24 x 2,08 x 22,86 cm
Tapa blanda y Kindle







miércoles, 12 de noviembre de 2025

PENTESILEA FRAGMENTOS 2

 

Cubierta de Pentesilea


PENTESILEA

FRAGMENTOS (2)

textos de Fernando Figueroa



SINOPSIS: 2010, Madrid. Gloria vive presa de su pasado y de un futuro incierto. Para escapar de la angustia, se enfrascará en una tesis doctoral sobre el rock en Vallecas. Gracias a ello, conocerá a una serie de personajes enraizados en el asfalto, entre el crepúsculo y el amanecer, la ilusión y el desencanto, el fracaso y el triunfo, con los que Gloria compartirá sueños, frustraciones, traumas y heridas pese a pertencer a épocas distintas. En especial, seguirá el rastro de dos bandas míticas, ya desaparecidas, que intuye podrían reunirla con su madre ausente: Pentesilea y Crines de Caín. 

Pentesilea es una historia ficticia, una tragicomedia urbana, agridulce y sucia a ratos, una alegoría que entrelaza mitología e historia, realismo y simbolismo, que usa el rock y el sexo como metáfora de los conflictos humanos y sociales.


Para abrir boca, aquí selecciono un fragmento de la novela Pentesilea, para que el lector se haga una idea de su contenido. Además, sirve de microrrelato.


FRAGMENTO DEL CAPÍTULO II: EL TRALLA

 

Oye, cuéntame eso que querías contarme al principio.

—¿Lo de por qué me fui de Arcabuz?

—Sí.

—Igual es algo largo.

—No importa. Tampoco tengo prisa.

—Pues fue por un lío de faldas. Ya te habrás dado cuenta de que para ligar soy un as y se puede decir que he sido muchas veces el primero en la vida de muchas chicas. Que a esa edad yo era un pipiolo guapo guapo, que se me rifaban las tías, que me las tenía que quitar a manotazos de lo pesadas que se ponían conmigo, que no se despegaban de mí ni para irse a cagar, y resulta que le hice gracia a la novia del Lorenzo, tanto que se moría porque la follara viva. Era para ella como una fantasía sexual, ¿sabes? Me tenía siempre en sus pensamientos, día y noche. Y un día que paramos en una gasolinera, el Lorenzo y el Paco van y se bajan, que se van a mear juntos, eran superamigos, como hermanos, y nos quedamos ella y yo solos en el coche. Imagina, con lo colada que estaba por mí y lo salida que era. Al rato, la tipa que se me abre la blusa, deja sueltas las domingas, se despatarra la muy guarra, no llevaba bragas la jodida, y que me empieza a meter mano por el paquete mientras me pasea el chichi por los ojos, y yo to cortao porque no me lo esperaba y soy muy pudoroso donde me puede ver alguien. Pues nada, imparable: que tronca, qué haces; que tronca, estate quieta, que mira que tu novio está ahí meando… y a ella que todo eso la ponía más y más burra, que no paraba de retorcerse y de frotarse contra mi paquete, de despeinarme la melena y de comerme la boca. Entonces veo por el rabillo del ojo al Lorenzo salir de los servicios y a los otros bajar de la furgo y que se va a liar, que se va a liar que se lía; y voy y la meto un bofetón de antología para frenarla y que no nos pillen tonteando. Y mira tú por dónde, que no se da por enterada, que eso no la sujetó y que la bofetada como que la puso más cachonda todavía y se me corre viva como una perra delante de mí, sin tocarla ya, ella solita, a su aire, y yo, pues eso, que de verla correrse que me ruborizo y me corro también en los pantalones. Fue como las cataratas del Niágara, no te exagero. Me corrí por la pata abajo con solo verle la cara de gusto que ponía la muy zorrona. Buf, se me pone de punta con solo recordarlo. Y es entonces cuando vemos que el Lorenzo se para a hablar con estos y nos recomponemos a toda prisa porque no queda otra. El Lorenzo asoma por la ventanilla y nos pregunta: ¿queréis cocacola? Y le decimos que no, que no tenemos sed. Se mete en el coche y entra el Paco. Los dos ya están metidos en el coche y, al minuto, nos ponemos en marcha, y dentro del coche, pues que... que fluía un aroma a sexo que echaba pa tras. A la altura de Ocaña, el Paco le suelta al Lorenzo: te la cascaste bien en la gasolinera. Y el Lorenzo le dice al Paco: creía que habías sido tú. Y a la Nati que le entra la risa floja y yo que me cago, que me puse pálido y to, que me dio un chungo malo malísimo… Él se cosca y pega un volantazo que nos saca de la carretera y que casi nos empotra contra una valla publicitaria. Mete el freno de mano y se gira en el asiento gritando: ¡cabrona, ya me lo has hecho otra vez! Niñato, ¿cómo me haces esto? ¡Te vas a cagar, hijoputa! ¡Te vas a enterar de quien es el Loren! Sale, abre mi puerta, me engancha de la chupa, me saca del coche y me fostia a lo bestia en el careto y en la tripa. Me fisuró una costilla de la mala hostia con que me daba y porque aprendí a apretar abdominales de cuando iba a kárate que, si no, me deja sin bazo. Luego me dejaron tirado y arrancaron, ¡adiós muy buenas! Para Villatobas que se marcharon y la tronca descojonándose con las manos entre las piernas, mirándome por la luneta con una sonrisa de oreja a oreja como si la cosa no fuera con ella. Estaba como una chota. Eran una pareja muy rarita. Para mí que era bollera y él, maricón. Si no, no me lo explico, no me explico que durasen tanto tiempo juntos.

—¡Vaya película! —Gloria estaba alucinando con esa anécdota que parecía sacada de un cine X de los setenta.

—Pues sí. Como esas, muchas. Menos mal que un camionero se apiadó de mí y me trajo para Madrid. ¿Vas a contar esto en tu tesis?

—Puede si encaja en algún sitio... Dentro de un enfoque sociológico podría ser.

—Claro, claro, tú misma, pero ¿no pondrás nombres? He visto que en algunos sitios se ponen iniciales. Mola más.



Castellano

362 páginas
15,24 x 2,08 x 22,86 cm
Tapa blanda y Kindle




Entrevista



 

jueves, 18 de septiembre de 2025

PENTESILEA FRAGMENTOS

 

Cubierta de Pentesilea


PENTESILEA

FRAGMENTOS (1)

textos de Fernando Figueroa



SINOPSIS: 2010, Madrid. Gloria vive presa de su pasado y de un futuro incierto. Para escapar de la angustia, se enfrascará en una tesis doctoral sobre el rock en Vallecas. Gracias a ello, conocerá a una serie de personajes enraizados en el asfalto, entre el crepúsculo y el amanecer, la ilusión y el desencanto, el fracaso y el triunfo, con los que Gloria compartirá sueños, frustraciones, traumas y heridas pese a pertencer a épocas distintas. En especial, seguirá el rastro de dos bandas míticas, ya desaparecidas, que intuye podrían reunirla con su madre ausente: Pentesilea y Crines de Caín. 

Pentesilea es una historia ficticia, una tragicomedia urbana, agridulce y sucia a ratos, una alegoría que entrelaza mitología e historia, realismo y simbolismo, que usa el rock y el sexo como metáfora de los conflictos humanos y sociales.


Para abrir boca o pestaña, aquí selecciono algunos fragmentos de la novela Pentesilea, para que el lector se haga una idea de que su lectura podría satisfacerle. Entre cortes de entrevistas o diálogos y partes narrativas que permiten apreciar el estilo y el ritmo de una historia que se plantea entre lo urbano y lo sucio, la crónica y el simbolismo.


Fragmento 1


El camarero llegó con el tercio, la mixta, el cenicero y un plato con aceitunas.

—¿Conociste a Ángel Nieto?

—¡Que va!, aunque él seguro que me conocía a mí. Alguna vez lo vi de lejos, o uno que se le parecía, pero no me interesaba. Lo mío no era la velocidad, sino pegar brincos con la moto. El motocrós es más artístico que quemar rueda en un circuito de carreras. No solo cuenta el valor, la habilidad y las ganas, hay que saberlo hacer bonito, bonito y épico. Es acrobacia: superación y sacrificio.

—Entonces te metiste a saco en el rock después del accidente.

—Eso te estoy contando. Empecé a tocar el bajo porque me animó un coleguilla, el Jinca, y todos me decían que le daba como si estuviera conduciendo una moto, con la misma cadencia. Eso me hizo gracia y me hice fiel al instrumento. Hay sonidos que forman parte de tu interior y no te abandonan. Eso que anida en ti es lo que transmites.

—¿Salibabá tampoco salió de Madrid a hacer conciertos?

—Bueno, tocamos por aquí y mucho por el corredor del Henares. Tuvimos una memorable en el Barra y una vez tocamos en el Parque de Atracciones. Aquello estuvo muy bien. Teníamos buenos temas. El que más nos pedía la gente era una versión del «Nacido para ser salvaje» de los Steppenwolf. Algunos cabrones decían que nuestras letras eran malas, pero nadie se atrevía a decirnos que no tuviéramos sonido. Al menos, a la cara. Habíamos conseguido un toque propio, rotundo, rugiente y ágil. Teníamos nuestros seguidores y no nos desvivíamos por ir a no sé dónde a buscar no sé qué. Llevábamos chupas y pañuelos de motero y no nos quitábamos las gafas de sol ni para cagar.

Fragmento 2


El viernes ya estaba un poco mejor, había dormido seis horas de un tirón, ¡un récord! Era hora de volver al trabajo, a la tesis, pero desde casa. Pasaba de pisar la facultad y oír burlas o insultos. Entre escuchas de podcasts, había impreso y roto la foto de Marce garias veces, y visitado algunos blogs sobre motos antiguas y el Vallecas de ayer. Pensó que podría encontrar por casualidad una imagen suya de niño, correteando, montado en un triciclo, cogido de la mano de sus padres en esa edad donde todo daba igual y la cojera era solo un juego. En vez de eso, descubrió el vídeo de una entrevista de Paloma Chamorro a Pentesilea. Ocho minutos de toma y daca. ¡Con qué maestría las manejaba la presentadora! ¡Qué guapa y brava estaba Clara Luces! Ninguna se quedaba corta en las preguntas, en las respuestas, en las respuestas-pregunta, en las preguntas sin respuesta, cada cual a su manera, con estilo o sin estilo.


Esas chicas no tuvieron que tenerlo fácil tampoco. En todas las épocas cuecen habas. Se les notaba en la pose que llevaban y en la guasa que se traían que el sufrimiento no les era ajeno y que habían aprendido a reblandecer sus costras con la vaselina perfumada del amor propio. ¿Quién tiene fácil vivir fácil en un mundo hecho para complicarte o que te compliquen la vida? ¿Quién dijo que las mujeres debían dejar de aprender a zurcir sus mutilaciones o a almidonar sus flaquezas? Las amas de su casa son ahora las amas de su cuerpo.

Sus cinco minutos de fama fueron inspiradores. Cuando la Chamorro les dijo: Parecer una tribu de guerreras os ha hecho muy populares. ¿Es parte de una sutil estrategia?, y Sonia contestó: No pretendemos dar lecciones, pero las adolescentes necesitan quien les enseñe a ser salvajes también entre semana, a romper con su novio, a follarse a su profesor, a cortar la cabeza de su padre y disecarla para el día de la madre. El rock no es como la tele, solo tiene un canal, suena a todo volumen y no tiene botón de apagado, y Paca saltó, justo al acabar la frase, robándole el micro, bien mamada, con una litrona en la otra mano, más cargada de cadenas que Houdini, con un pelo rizado, moreno, a capas cortas, con eso de: ¡Las de veinte pa bajo son todas unas perras!, y luego, a la repregunta por parte de la presentadora de «¿y las de veinte para arriba?», soltó: ¡Esas son pecadoras de Satán o monjas como mi abuela!, y seguidamente se abrazó al chico que tenía al lado para comerle la boca cogiéndole de improviso, y la Cheli y Clara riendo como descosidas y gritando: ¡¡Golfaca!! ¡No dejes nada en el plato! Cuando pasó todo eso, era inevitable llevarse las manos a la cabeza o descojonarse. ¡Qué grandes! Había que plegarse al absurdo con una risa en el coño o sucumbir a la santidad o el martirio.


Fragmento 3


—¡De puta madre! Está bien que se hablen las cosas para que no se olviden. No quiero que ni tú ni nadie se lleve una mala impresión de nosotros. No éramos tan cabezahuecas como nos pintan. Ni tan bestias. Por ejemplo, nuestro fuerte eran precisamente las baladas. Poníamos a la gente patas arriba con las baladas: «Capitán Gordon», «Guerrera rasgada», «Boabdil», «Mar de China», «Saigón», «Belchite»… El Basa nos sacó alguna en su programa Corazón de la Ciudad. Flipaba con mis solos. Decía que estaban a la altura de un Van Halen. ¡Lo dijo en las ondas! En cada tema quemaba al menos cinco púas y, como él, enganchaba el pitillo en la pala; quedaba bien chulo. —Se le arrimó—. ¿Sabes?, el problema es que en muchos sitios no han admitido el rock en toda su extensión. Nos han puesto muy difícil estar en la mayor cantidad de sitios con esas mierdas del pop, la nueva ola, Mecano, Olé-Olé, la Pantoja, el Sergio Dalma, el Ramazzotti, el hip hop, el acid house, el bakalao y otras mamonadas en plexiglás, conserva y salazón.

—Ha tenido que ser duro.

—Duro duro, como la polla de King Kong. Una vez estuvimos en Hispanoamérica, hace la tira de años. Piensa que en el 84 ya se abrió el melón de Latinoamérica con Barón Rojo y Obús, y eso es muy grande, con millones de amantes del rock a muerte repartidos por esos países. Fue algo muy loco. Allí el rock es fanatismo y excelencia. Se vive a muerte. Estuvimos en Argentina... ¡En Argentina, date cuenta! Y Argentina... ¡Argentina fue una mierda!

—¿Y eso?

—¿Puedes creerte que en el primer concierto nos silbaron porque pensaban que Mauser 98 era una banda techno a lo Kraftwerk? Se lució el que hizo la promo. ¡Venían a vernos para oír techno, tía! Los cuatro monos que escuchaban techno en Argentina, el templo del rock latino, los teníamos nosotros ahí delante esperando el encuentro en la tercera fase. Cuando vieron una batería en el escenario se les atragantó la modernez, se les cruzaron los cables, se les cortocircuitaron los sesos a esos niños bonitos. Era como si a un niñato de los de ahora le metieses en una cabina telefónica con un listín y cinco duros. ¡Les estalla la cabeza!

 

Fragmento 4

Fue un veraneo diferente, especial, un viaje fantástico en una Renault Trafic, con otras mujeres y niños que no conocía. A ratos su madre parecía una persona muy afectuosa, pero evitaba tocarla de más y besarla. Gloria no lo entendía, pero no le importaba. Le bastaba con sentirla cerca. En ocasiones, la veía deprimirse cuando ella hacía cosas que no eran de niña, sino de persona mayor, y aprendió a evitar hacerlas delante suyo. Las depresiones se le pasaban a su madre en cuanto bebía lo suficiente y ya la diferencia de edad y lo que se hacía con ella dejaban de tener un significado triste y se reía viéndola hablar como una mujer hecha y derecha con tetitas de almendra. Entonada, el cariño se expresaba con la soltura de la inconsciencia y parecía más madre porque se dejaba abrazar.

La última semana la pasaron en Zaragoza, en casa de una de sus estrafalarias amigas, durante unas fiestas. Después, la trajo de vuelta, para que no perdiese más clases, y ni ella ni su abuela volvieron a verla más, no volvieron a saber nada más de ella otra vez. La habían perdido de nuevo, para siempre jamás. No sabían por qué. Eso la dolió. No se lo perdonaba, no se lo perdonó. Todo lo demás sí. Por lo demás, la quería mucho.

Al mes, a Gloria lo vivido con su madre le acabó pareciendo un sueño porque su abuela no hablaba de ello y porque, cada vez que ella trataba de hablar del asunto, su abuela la regañaba para que no siguiese, como si lo que dijese fuese la paparrucha de una embustera. Pero no lo era. No lo era porque se hicieron un montón de fotos, con esas otras mujeres y sus críos y otras personas que le parecían tan raras como simpáticas. Se quedó de recuerdo con algunas, esas donde salía con sus nuevos amiguitos riendo o haciendo el tonto, un puñado de postales y otras fotos de regalo, incluida una más vieja, con su madre más joven, rasgada por la mitad, donde se veía una mano sobre su hombro que ella imaginó que sería de su padre. Era la única donde salía ella. En esas vacaciones no se hicieron ninguna foto juntas o, si se hicieron, ella se las quedó. Esa la llevaba siempre consigo en la cartera, hasta que se la robaron o la perdió.

He aquí esta muestra que nos puede servir de orientación y estímulo, como también otros detalles. Ojalá cumplan su función. Saludo y nos vemos en las páginas y las casetas.



Castellano

362 páginas
15,24 x 2,08 x 22,86 cm
Tapa blanda y Kindle




Entrevista