EN EL TALLER DE NEBEL
Microrrelato de Fernando Figueroa
Josefa y Mario debían darse prisa si querían que su futuro hijo obtuviera los papeles. El Gobierno ponía trabas para que los nativos no aumentasen, aunque su proyecto de ley para blanquear la población aún no había sido ratificado por todas las regiones. Así que fueron en moto hasta Nebel, donde no tenían por qué hallar ningún inconveniente para censarlo, a pesar de que había corrido el rumor de que lo que las autoridades no bloqueaban por las buenas los colonos lo impedían por las malas.
El miedo más el mal tiempo y que Josefa estaba a punto de romper aguas les hizo olvidarse de pasar la noche al raso, y buscaron cobijo en las cercanías del Hospital General. De dinero iban muy justos, la comida y la gasolina tenían prioridad, y danzaron de pensión en pensión, de locutorio en locutorio, de bar en bar... tratando de dar con alguien que les dejase dormir gratis en algún rincón, a cubierto.
Al final, el dueño de un taller mecánico se apiadó de ellos y les dejó meterse allí si no les importaba dormir en compañía de su pastor alemán y de una bombilla que debía permanecer encendida para evitar la visita de los cacos y las ratas. Claro que no les importó, y menos mal, que Josefa se puso de parto. El bebé nació entre cartones y trapos manchados de grasa, con tres borrachos por testigos, cargados de vino, cerveza y whisky, y una chica con un plumas que estudiaba enfermería.
Este microrrelato responde a la convocatoria del blog El Tintero de Oro para participar en el microrreto La intertextualidad como recurso:
De paso, aquí os dejo el enlace de mis anteriores microrrelatos para El Tintero de Oro:

Saludote, noble viajero
ResponderEliminarVeo que vas explorando con gusto el inicio de 2026, con un nuevo relato ¡y que relato!
a la llamada del tintero, te forjas una narrativa moderna de esa pareja en apuro de parto, me ha gustado
muy intertextual.
¿ha nacido pues, el que tenia que nacer?