jueves, 25 de junio de 2026

DOS RESEÑAS

 




DOS RESEÑAS

de Fernando Figueroa



El mes de junio me trajo una triste noticia: la desaparición del blog El Gato Trotero, que llevaba ya bastante tiempo inactivo a causa de un revés de salud de su alma mater. Con su desaparición, desaparecieron un buen puñado de buenas reseñas que hizo Yolanda de mis libros de la serie Las mujeres-globo o de las aventuras de Harry Maesnow. Incluso, una entrevista amplia y muy personal. Seis buenas reseñas y una entrevista colaron en lo que se aprieta una tecla. Todo eso se deshizo como bites en la lluvia digital. 
¡Qué efímeras son las plataformas y servidores de esta era informática! ¡Los humanos que las hacen! ¿En cuántas décadas nos daremos cuenta de lo tramposo de su promesa de eternidad? Tanto luchar unos por construir un blog genial y otros por tener reseñas y, al final, se funde todo a negro o te sale este terrible aviso:

Muchos son los llamados y pocos los elegidos. Lección de vida. Por algo se inventaron los pantallazos, para cosas como estas, como en su día los recortes de prensa.


Unas se van, otras vienen


Estos azares me han hecho valorar mucho dos nuevas reseñas publicadas en junio de este año. Una, por Interrobang, que ya acumulará como seis mías y que estuvo dedicada a la novela Colmillos de metal. Un registro bastante heterodoxo, pues, siendo un blog de novela negra, policiaca y aledaños, la propuesta se encaminaba en una mezcla de géneros que combinaba novela urbana, negra y paranormal. Afortunadamente, agrado a Jordi y la reseña fue positiva.



De ella me quedo con estas líneas:

La novela negra, como instrumento de reflejo y crítica social, suele circunscribir su denuncia a lo acaecido a la víctima. Una visión reducida de su potencial que solo amplía el consabido víctima + culpable + investigación de la novela policiaca clásica.

Colmillos de metal va más allá de esa ecuación de primer grado. Estamos ante un híbrido resultante de trenzar una crítica social de barrio, asesinatos y elementos sobrenaturales y, lo mejor, lo hace con tal naturalidad y aplomo que silencia cualquier posible cuestión sobre su lógica argumental.

La otra vino por parte de Yo Leo Novela. Natalia reseñó Pentesilea, una novela contemporánea que se salía de la línea habitual de su blog, aunque no fuese raro que le diese cancha al género de vez en cuando. Sorprendiéndole el viraje de género, pues hasta la fecha había reseñado cuatro de las novelas de la serie de Harry Maesnow, la reseña fue positiva.


En este caso, me quedo tras una difícil elección, porque frases buenas hay muchas donde elegir, con:

Tengo que reconocer que este libro me pilló por donde no esperaba. Aunque, pensándolo bien, es algo que ya me ha pasado otras veces con este autor. Entro en sus novelas esperando una cosa y termino encontrando otra muy distinta. Y eso me gusta, porque evita que te acomodes y acaba llevándote por caminos que no habías previsto.

En este caso pensé que me iba a encontrar una historia sobre música, grupos de rock desaparecidos y una investigación con cierto aire nostálgico. Y sí, todo eso está ahí. Pero a medida que avanzaba tuve la sensación de estar leyendo algo mucho más humano. Al final, más que la búsqueda de un grupo perdido o los misterios que rodean su historia, lo que me quedó fueron los personajes, sus relaciones y la forma en que cargan con el paso del tiempo, los recuerdos y las decisiones que tomaron años atrás.

Porque, en realidad, Pentesilea habla de gente que arrastra cosas. Gente que intenta entender quién fue, quién es y qué demonios hace con todo lo que le ha tocado vivir.

Siempre es agradable que un desconocido te acepte un libro, que finalmente se lo lea y comprobar que no solo se lo ha leído, sino que ha puesto todos los sentidos en él y se ha dejado llevar por la propuesta. Inmersión lectora, creo que se dice. No crean que es común, ni que te acepten el envío de un libro ni que te lean con ganas y lo hagan bien, palabra a palabra, no en diagonal o a salto de mata, a la Mussolini.

Por eso, es tan precioso tener reseñas, no solo por la retroalimentación, sino porque son escasas en el nivel en que me muevo, como las estrellas fugaces en un cielo seminublado. Por eso, duele tanto que desaparezcan con un clic, con una baja del servicio, que sus palabras se disipen como una niebla veraniega, sin dejar rastro de lo que hubo, de la huella que dejó, porque cada libro deja una marca diferente en cada lector, cada uno de ellos lee su propia versión, hace suya sus escenas, suyos sus personajes, y comparte su interpretación personal pasando a veces sin rubor por encima de los propósitos de los autores o hasta de los editores, con el interés de generar diálogo con otros aficionados o de dejar volar ideas que quizás un día se incuben, desarrollen y salgan a la luz en forma de nuevas novelas.

Lo mejor, sin duda lo mejor, es que, cuando haces migas con un reseñista con el que conectas, tienes garantizado un jardín de reseñas, no solo una. Cuesta mucho, como excavar un pozo, roturar la tierra y labrar un huerto, pero ahí tienes con suerte y tesón tu buen ramillete de reseñas regalándote la ilusión de que escribir no es vano, de que escribir tiene una causa y un efecto gracias a que hay quien desea compartir su gusto por la literatura, la lectura y la escritura, y comentar, comentar párrafo con párrafo.

Gracias por estar ahí, lectores reseñistas, con vuestra pasión y sinceridad. Vuestro es el cielo de los bibliófilos, la gloria de los devoralibros. Un día, no os gustará mi novela, o gustará poco, pero os estaré igualmente agradecido porque acogisteis mi libro en vuestra casa, vestisteis mis historia con vuestros ojos y dedos, distéis de comer y beber a mis personajes con vuestra imaginación y fantasía, y eso es por ventura un tesoro inapreciable para quien finge la vida sobre un papel y sueña en tintas.


 

lunes, 8 de junio de 2026

EL GÉNERO FLUIDO. LA LITERATURA DEL FUTURO

 




EL GÉNERO FLUIDO

LA LITERATURA DEL FUTURO

de Fernando Figueroa



En nuestra época los textos literarios se suelen circunscribir a alguno de los géneros literarios establecidos, viejos o nuevos, en un ordenadísimo pantone de etiquetas que hacen la delicia de los reponedores de estanterías. Es casi imperativo hacerlo si quieres entrar en el circuito y abrirte hueco en ferias y festivales. Esos géneros responden a la tradición y a criterios de mercado y tienen la finalidad de advertir al lector acerca de en qué clave está la obra que va a leer o a escuchar o para facilitar al editor la producción, distribución y venta del producto, ya que es un modo eficaz de poder conectar la obra con un sector determinado de lectores. Incluso, esta adscripción se ha ido acomodando a anunciar de antemano qué se va a encontrar de seguro dentro de la novela y hasta cuál será su desarrollo y final, lo que case con la fijación de un consumidor conservador o conformista, apegado a fórmulas fácilmente reconocibles y poco amigo de desenlaces inesperados. Sin embargo...


En las últimas décadas, ha ido surgiendo un tipo de escritor que no ajusta sus historias al modelo prefijado por la política de géneros, sino que encuentra más sentido o placer cuando crea o recrea historias como le pide el cuerpo, sin miedo a salirse de lo reconocido o reconocible como característico de tal o cual género literario. Por supuesto, ha de quedar bien vertebrado para que no huela a pastiche, pero es fácil cuando todo fluye orgánicamente, como pide la historia.

Aparte de no temer salirse del guion, el autor prioriza su satisfacción propia. Eso me parece lo más importante. Y es que, en el fondo, obra así porque, de hacerlo como se espera, se aburriría a causa de no poder alas a una creatividad e imaginación tan vivas que le piden ampliar los horizontes de su capacidad de concepción e interrelación. Tanto desea crecer en esto que no le asusta que los lectores que le lean se sientan confundidos o incómodos. Espera que, tras la confusión, se sientan agradecidos antes que decepcionados o engañados, aunque... que no pasa eso, no se angustia: sabe que es el precio que lleva abrir puertas hasta que se logra dar con ese nicho de lectores que sintonizan tan a gusto con su propuesta y que puede ayudar a normalizar su alternativa. Y del nicho al más allá.


CAUSAS DEL GÉNERO FLUIDO

Se navega entre géneros en una misma historia por diferentes motivos:

  • Enriquecer la lectura. Consiste en aumentar las experiencias posibles que pueden darse en un contexto dentro de un texto. Se trata de abrir el abanico de eventos y emociones que pueden concurrir en un marco escénico y un plantel de actores prefijados.
  • Salirse de lo establecido. Romper las convenciones de un género lo ensancha (nuevos tropos, subetiquetas...) o genera nuevos géneros independientes. Responde al impulso creativo que lleva a replantear e innovar, aunque con un punto rebelde donde cabe el deseo de provocación, y alcanzar la originalidad.
  • Combatir el aburrimiento. Es un hartazgo replicar las mismas fórmulas —exitosas— una y otra vez, incluso con las consabidas variantes recurrentes hasta lo cansino. Lo previsible empacha salvo para gente con fobias o inseguridades. Combinar códigos hace que el relato sea más llevadero, aunque se mantenga reconocible un género preponderante.
  • Darle más realismo. Ajustarse a lo reconocible de un género conlleva amanerarse y, lo peor, generar una ficción tan recogida o encogida que exige una inmersión absoluta para que no chirríe el asunto. Ese aislamiento o suspensión de la conciencia no satisface a las mentes inquietas, pues necesitan añadir otras variables que forman parte de la realidad y que son factibles de intervenir en la trama. Todo nace desde la perspectiva de que la vida misma es una mezcla de situaciones de todo talante, cómicas o trágicas, intrigantes o románticas, terroríficas o espirituales, científicas o sobrenaturales, etc.
  • Huir de la unidimensionalidad. Hay escritores que pueden vivir la construcción de un libro como una experiencia agobiante, restrictiva, casi una herramienta de coerción. Mientras que el lector mantiene la mente libre en su experiencia de lectura y puede ser testigo de la limitación y romper con su imaginación esas cadenas —o eso se espera—, el escritor se ve preso de un sistema editorial que lo constriñe y que solo puede subvertir si se deja llevar por su impulso creativo más rompedor.


ANTECEDENTES DEL GÉNERO FLUIDO

¿De dónde viene este no ceñirse al patrón? Nos movemos en lo hipotético. No hay nada analizado de cierto, pero me aventuro a afirmar que esa ruptura de esquemas se fue inculcando con el apogeo de la televisión. Se inició como efecto del gusto ecléctico que implantó una época abierta a novedades asombrosas y en la que cuajaba la cultura de masas como extensión de la cultura popular.

Los chavales que habían crecido con las narices pegadas a las pantallas a blanco y negro o a color de la vida moderna eran la generación idónea para idear una serie de historias poliédricas en sus cabezas. Su gusto era deudor de cierta curiosidad combinatoria, del «y si pasase esto o lo otro» en un siglo XX donde todo era posible cara al utópico —o distópico— año 2000. ¿Qué pasaría si Frankenstein montase un grupo de rock en 1965 y, para poder sacar un disco, tuviese que atracar un banco que resulta que es un nido de nazis ocultos que falsifican moneda? ¿Qué pasaría si un científico se enamora de una estudiante adolescente que detesta a sus padres, extraterrestres y que la buscan desesperadamente porque es la elegida para salvar la galaxia mientras sueña con ser estrella de Hollywood?, etc. En fin, se planteaban ingeniosos experimentos que buscaban despertar el interés, mantener la atención y avivar las emocionantes expectativas.

En los años setenta, podíamos ver a los mismos personajes de algunas series transitar, dentro de unas pautas reconocibles, por episodios que coqueteaban con otros género de modo puntual, medio en serio, medio en broma. Los podíamos ver desenvolviéndose en un episodio detectivesco o de espionaje, un episodio romántico, un episodio de casas encantadas o de espíritus, un episodio con un tesoro por medio, un episodio con un avistamiento ovni, con un monstruo de bosque o lago, reviviendo un episodio histórico, aunque fuera familiar, con un viaje en el tiempo, real o soñado; un episodio navideño, un episodio de angustia o crítica social, etc. Incluso, más en los ochenta, surgirán series que no hacían esto como paréntesis dentro del género que tratasen, sino que eran lo bastante elásticas como para que sus historias fluyesen de género en género sin problema ni cuestionamiento.

Así es que esa dinámica posmoderna, absorbente y de límites relativos o difusos servía para aumentar el entretenimiento, para rizar el rizo y sorprender, para estirar el chicle, con suerte, sin perder sabor, etc. y funcionaba acorde con un público hipernutrido en muy diferentes registros, de gustos variados y que, por ello, podía disfrutar de cualquier combinado siempre que la novedad estuviese bien hecha o conectase con él.

Eso fue lo más interesante, cuando se generaron historias que acogían diversidad de situaciones y enfoques. Aquí podemos pensar tanto en televisión como en cine. Algunas películas de los ochenta, a veces desde cómico o lo paródico y otras con la seriedad de la ambigüedad o el juego de «empieza de una manera y acaba de otra» —pensemos en desde Psicosis a Abierto hasta el amanecer, apostaban por una clara mezcla de géneros, entre el pastiche y la feliz combinación. No es raro que también se diera en la literatura viendo que el cine de serie B y serie A lo tocaba y triunfaba con ello. En todo caso, los escritores de las generaciones televisivas tenían una fuente de inspiración para acometer su relectura y amoldamiento propio de los géneros que más le gustaban por medio de su combinación.


   

EL FUTURO DEL GÉNERO FLUIDO

Depende de escritores y lectores que se afiance el género fluido en la literatura, aunque se elija una característica del relato como la rectora a la hora de presentar la obra en público. Lo suyo, en ese caso, sería, como corresponde a cualquier producto de consumo homologado, indicar en el etiquetado algo así como «los ingredientes» y, si es posible, el porcentaje. Por ejemplo:

Género Fluido. Ingredientes: Negra 45 %, Erótica 8 %, Romántica 15 %, Misterio 10 %, Comedia 22 %. Advertencia: Este artículo es un producto natural. Puede contener trazas de ensayo filosófico u otros restos. No apropiado para intolerantes e integristas. País de origen: España. 

Así podría exponerse en cualquiera de mis novelas, y sería la fórmula más honesta para que el lector supiese qué se va a meter entre ojos y espalda y no le salga un sarpullido o le dé una indigestión. Pero hasta eso prefiero que quede en la incertidumbre. Creo que basta con decir el sabor de lo fluido: es un libro fluido policiaco, un libro de terror fluido, un libro de fantaciencia fluida, etc.

Por supuesto, habría que defender la entidad autónoma del género fluido, etiqueta válida y positiva porque libera al ser humano de cortapisas que nos acotan y amoldan el pensamiento con mayor o menor holgura. No quiero decir que se elimine lo viejo, sino que se deje aflorar y tomar forma a lo nuevo y que se considere lícita la etiqueta de «fluido» por mera ley de economía, para no tener que poner una sarta de nombres y apellidos tales como «hardboiled cómico-erótico neovictoriano» o «novela urbana vampírica tragicómica», pongamos. Ahora, que se halla uno con la etiqueta «novela fluida», «novela romántica fluida» o «novela fluida romántica» en la estantería de turno, pues ya sabe que le espera algo por descubrir, que solo la sinopsis o el texto de detrás de la cubierta permitirá atisbar una pizca de lo que contenga el libro. Aténgase a las consecuencias, prospecte y disfrute de la aventura lectora.

Yo escribo fluido, lo reconozco. Esto es, lo mío es el género fluido, literariamente hablando. Llámalo potaje si eres pureta o cóctel si te pirra el glamour  pero a mí me sabe a gloria bendita.


 

miércoles, 3 de junio de 2026

¿QUIÉNES SON HARRY MAESNOW Y MOLLY GRAPES?

 


¿QUIÉNES SON HARRY MAESNOW Y MOLLY GRAPES?

de Fernando Figueroa



Las aventuras y tribulaciones del agente de la Honorable Policía Metropolitana de Rabishpool Harold Maesnow —y también las de la actriz Molly Grapes— ya cuenta con una sarta de reseñas que dan buena cuenta de qué impresión causan. Aquí haré un recopilación de estas impresiones que nos ayude ver en qué reparan más los lectores para sorpresa incluso de su autor y recopilaré nuevos datos que se reparten por la páginas de cada entrega.


Sí, lo reconozco, todo nació por ponerme a preguntar a la IA sobre mis personajes, y darme cuenta de que lo que me responde se basa en lo que han escrito de ellos yo y, lo mejor de todo, mis reseñistas. Por esa razón, he decidido hacer de IA, copiar su extractivo y sintético modus operandi y hacer un retrato robot de los dos principales protagonistas de esta serie, Harry y Molly, Maesnow y Grapes. Con esto, espero alimentar a esa dichosa IA antes de que empiece a inventarse las cosas para rellenar las lagunas de sus biografías.

A lo largo de distintas entregas se ha venido conformado una peculiar comedia humana encabezada por esa pareja de moda en los círculos sociales de la farándula de una ciudad portuaria: Harry Maesnow y Molly Grapes, que son cada uno de su padre y de su madre. Complementarios a veces, chocantes a ratos, encarnan el amor incondicional de un modo británicamente popular, no obstante son de orígenes étnicos diferentes: ella inglesa, él galés. Pecata minuta en una ciudad portuaria donde el pedigrí las raíces y la pureza de sangre es una entelequia enterrada en cuentos de hadas y más propia de canes y de caballos que de seres humanos. El habitante de Rabishpool es de todas partes y de ningún sitio, auténticos hijos del imperio, cosmopolitas en ciernes. Otra cosa es que cada cual lo quiera reconocer.



Pero... ¿quiénes son de concreto Molly y Harry? 

Así, en un par de retazos sinópticos, Harold Maesnow, Harry, Mae o Pulso de Hielo es miembro de una familia más bien conservadora, por vía paterna ha recibido un pensamiento liberal y artesano y por vía materna ha sufrido cierta influencia puritana y timorata. Trabaja en la Honorable Policía Metropolitana de Rabishpool, colocado allí por mediación de un familiar, lo que le hace sufrir el estigma de recomendado en una Inglaterra que abraza con pasión la era de la electricidad. Sin embargo, ideológicamente es un verso libre, ácrata mental, justiciero en praxis, al que le cuesta desinhibirse, que no encaja en ningún sitio y al que no le gustan nada los privilegiados ni los ventajistas, en la medida en que están tentados de abusar de los débiles. En especial, le repatean los aristócratas y le conmueven los oprimidos. También detesta la fruta escarchada y es abstemio, un poema en una ciudad de marineros, pandilleros, obreros y calaveras.

Una de las grandes fantasías de Harry es ponerle una bomba a la reina Victoria, pero no puede porque es policía y se debe a su juramento de mantener el orden, así que espera que lo haga otro y se entretiene fastidiando a sus superiores. Entretanto, enreda en los huecos del sistema para beneficiar a los oprimidos y perjudicar a los opresores.

Dice Jordi (Interrobang): «Tiene un exaltable sentido de la corrección y la justicia, celoso de su honor, maneja el disimulo. Le cuesta dejarse ir». 

Dice Yolanda (La Vida de mi Silencio): «Es un inspector muy capaz y lleno de talento. Su inteligencia le ayuda a encajar las piezas con cierta facilidad, aunque su sentido de la justicia y su forma de trabajar le ponen en más de un aprieto. No obstante, es precisamente eso, sus valores, lo que lo hacen un miembro tan valioso del cuerpo policial. En lo amoroso, su vida es un poco desastre, pues es muy poco hábil a la hora de relacionarse con su interés afectivo, Molly».

Dice Natàlia (Yo Leo Novela): «Sigue siendo un detective imperfecto, alejado del heroísmo clásico. Es un personaje marcado por el cinismo, la introspección y una humanidad que se siente muy real, incluso cuando se mueve en un en un entorno que roza lo absurdo y lo filosófico».

Por su lado, Molly Grapes es de familia laborista, aunque ella comulga más con el socialismo y es una declarada feminista. Su padre es carpintero, un hombre con las ideas claras, y eso que vive rodeado por mujeres, o es gracias a ello, y se le cae la baba con su hija artista. Su madre, una mujer de la clase trabajadora de armas tomar, en cambio no es tan complaciente con su hija y no oculta que le hubiera gustado otro desarrollo para su vida, aunque lo que más le cuesta aceptar es que, pudiendo tener mejor partido, su hijita se encandile de Harry, ¡un canijo!, ¡un policía!, ¡un enemigo de la clase obrera! Pese a todo, Molly es feliz porque vive a su manera y tiene a su hombrecito, al que le encanta reeducarEs la prima donna del Marlowe Theatre, una diosa del burlesque, aunque su relación con su director sea más que tirante. Sin complejos, con conciencia de clase, su patria es el teatro y su bandera la filantropía. Con una creatividad inquieta (y hasta desbocada), un vivo afán por renovar y dignificar el arte escénico, con ese espíritu revolucionario y siendo una ávida lectora de literatura erótica, no es extraño que ansíe dar rienda suelta a sus fantasías sexuales con Harry de protagonista. 

Los grandes sueños de Molly son visitar París y un día tener su propia compañía y su propio teatro. Patrocina una casa de acogida para niñas de la calle y exprostitutas.

Dice Jordi Valero (Interrobang): «Una joven insumisa, que mantiene el difícil equilibrio entre conservar principios y satisfacer caprichos, feminista con feminidad. Molly es la que tira de la relación. Tensa la moralidad y las convenciones. (...) Sus acciones y pensamientos trascienden el feminismo de salón, que queda rancio ante su iconoclastia militante».

Dice Natàlia (Yo Leo Novela): «Molly Grapes, la mujer fuerte y decidida, sigue siendo una de las grandes apuestas de la novela, y sus diálogos con Maesnow son un torrente de fuego que, a veces, es casi un alivio frente a la oscuridad que los rodea».

Dice Yolanda (La Vida de mi Silencio): «Tiene las cosas muy claras. Sabe lidiar perfectamente con el carácter de Harry y no duda en enfrentarse a él cuando se está comportando como un estúpido. Asimismo, es de armas tomar, la perfecta definición de mujer empoderada de la época. Se vale por sí misma, tiene un oficio en el que se deja la piel y no deja que nadie la pise».

Ambos se conocieron de niños, vivían en la misma barriada en Lowgrith, formaban parte de la misma pandilla, y, tras sus más y sus menos, años después, acabaron juntos, y hasta ahí, que para ella el matrimonio no es más que un convencionalismo burgués por el que no piensa pasar jamás. A Harry tampoco le convence casarse, aunque tampoco diría que no. Cualquier cosa por seguir estando con ella. Respecto a forma de relacionarse, tienen sus más y sus menos, son celosos los dos a su modo como también se preocupan por cuidar de los intereses del otro a su manera y tienen sus detallitos. En lo sexual, hay cierta desventaja por parte de Harry, aunque se complementan a la perfección. No obstante, ambos perdieron la virginidad con otras personas —eso Molly no lo sabe, que se considera la mentora sexual de Harry—, pero la liberación de Molly hace que le lleve una ventaja de varias cabezas.

Algo que les une mucho es la curiosidad y la sed de justicia. Juntos son imparables a la hora de resolver un problema, aunque cada uno coja un hilo distinto para desenredar la madeja y tenga su propio estilo.