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| Plantillas de reseña de Orientación Andújar |
¿PARA QUÉ SIRVEN LAS RESEÑAS?
de Fernando Figueroa
Tras unos cuantos años de trayectoria escritora en serio —bueno, con dedicación y constancia— y de haber conseguido entretanto un buen puñado de reseñas en blogs y algunos canales de Youtube, me he ido haciendo una idea de cuál es la utilidad de las reseñas. Quiero decir, soy capaz de discernir para qué valen entre para lo que se cree que sirven y cuál es su efecto inmediato.
En primer lugar hay que descartar ese primer pensamiento que nos lleva a creer que las reseñas son una invitación a la compra, o sea, se buscan para vender, pues una cosa es ganar visibilidad y otra es que eso despierte el interés por comprar un libro. No es lo mismo porque una cosa es darte a conocer y otra es publicitar. Las reseñas no son publicidad o esa no es su principal característica cuando no se conciben como un anuncio que invita al consumo. Digo esto desde la experiencia propia, ya que jamás he vendido nada tras la publicación de una reseña positiva —todas lo han sido en distinta medida—, pero nada, y no es esa la motivación principal que me lleva a querer convencer a alguien para que me lea. No. Quiero que me lean por razones bastante diversas más allá de lo mercantil y que no han de ser ajenas a los motores de otros colegas.
Hay también un afán por superar la falta de renombre, por compensar que no se vea la obra en los estantes físicos, por solventar que no se tenga una base de seguidores potentes, por apreciar si el tema o el enfoque literario puede apasionar, etc. Vender es secundario o subsidiario si no te han comido el tarro con que uno es según las cifras que genera y no las emociones y sentimientos que suscita.
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| El ratón de biblioteca, Carl Spitzweg, 1850 |
Pero lo que sobre todo es evidente, y los autores deberíamos ser conscientes de ello, es que las reseñas son en primer término la exhibición del reseñista y su criterio por encima de la obra reseñada. Él o ella son los protagonistas de su plataforma. El interés de sus seguidores fieles reside en conocerlo mejor desde sus gustos y opiniones, aunque el esporádico vaya al meollo de la entrega reseñil. Digamos que el libro es accesorio o un pretexto para ese diálogo habitual. Luego, la manifestación de sus seguidores por medio de comentarios es lo mismo en reciprocidad. Cuando estos le escriben para comunicar que el libro les llama la atención o que le podrían dar una oportunidad, en el fondo dicen que ese canal o su artífice y su estilo les mola.
En ese sentido, el autor debe saber que su relación con el reseñador se asienta en una posición subsidiaria respecto a cómo concibe y amolda su plataforma. Él no es ni un jefe ni un cliente. El reseñista es dueño y señor de su creación. En verdad, somos leños de un hoguera y los faltos de calor o luminosidad no admiran la madera, sino la llama y la luz que desprende el hogar. Si acaso, comparan hogueras: qué se cuenta fulanito, qué se cuenta menganito, ¿zutano dice lo mismo que los otros o discrepa?, ¿por qué? Por supuesto, este afán comparativo podría invitar a que al menos los reseñistas, por su diálogo o competición internos, comprasen obras reseñadas, pero si la obra no garantiza un eco notable —salvo excepciones a contra corriente o por curiosidad gustosa—, no se prestarán a ello aunque sus autores les regales sus libros.
Por tanto, al igual que reseñar responde a veces, no a un interés concreto en ganarse el pan haciendo publicidad o revendiendo los libros recibidos, sino a realizarse a través de la exposición pública de la persona, las apetencias y los criterios propios, los autores buscan con las reseñas de sus libros que los conozcan y aprecien por la imagen que proyecta su obra y la impresión que causa en un lector habitual, curtido o familiarizado con un género en especial. Con eso, de primeras, basta para sentir que, por lo menos, se existe en el plano literato, que no es poco. Esto es, una cosa es existir como autor leído y otra es existir como autor reconocido o en vías de reconocimiento. Son dos planos que coexisten pero que son diferenciables.
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| El ratón de biblioteca, Norman Rockwell, 1926 |
Entonces, acudir a un reseñista busca las dos cosas con preferencia por la segunda —más en fases iniciales o fuera de la presión de las editoriales o de la profesionalización— que ha de consumarse por medio de la lectura de la reseña por otros. O sea, que el autor desea que la reseña del reseñista sea muy leída, y con ello se contentaría por lo general aunque su libro finalmente no se compre y lea. Entendamos el matiz. Una cosa es que sepan de nosotros, que se nos publique por boca de otros, y otra es que se consiga vender lo que publicamos.
Por eso digo que, aunque haya reseñas que asemejan o encajan dentro de los parámetros de la publicidad, no lo son todas ni todos los reseñistas han de ser visto como publicitarios o publicistas. Algunos hay, pero la gran mayoría son, a su manera, autores literarios o audiovisuales de su propio género: la reseña, y tienes los mismos intereses que los escritores de sus libro en su propia dimensión. Desde este plano, los escritores aspiran en su acercamiento al reseñista a convertirse en protagonistas de alguna de sus entregas.
Esto lo he apreciado muy bien por cuenta propia, percatándome de a qué responde el ansia de ser reseñado, y por observar como espectador o lector de reseñas auténticos dramones como los suscitados por autores obsesionados hasta el punto de acosar a reseñistas y cuya obcecación sin duda no responde a factores económicos, pensemos en el caso padecido por David Lee Libros, por ejemplo. Por obtener atención o fama se pueden hacer barbaridades.
Otro de los objetivos que hay en el deseo de que reseñen libros tuyos es apreciar en qué punto se está gracias a la retroalimentación particular y al posicionamiento dentro de una oferta o unas modas que se nos escapan como creadores, concentrados en hacer lo nuestro. El autor encuentra aquí una oportunidad para comprender dónde se sitúa dentro del concierto editorial o la comunidad de lectores, además de en qué punto se sitúa en su desarrollo como artista. Por supuesto, esto descansa en la confianza de ofrecerse a una persona dedicada a la lectura y a unos seguidores que igualmente se dan a la lectura y están en condiciones de establecer interesantes observaciones y comparaciones. En teoría, que luego el acervo de cada cual difiere y sus aportaciones tienen, por consiguiente, distintas calidades que hay que saber cribar.
En resumen, el autor busca con las reseñas:
— Dar a conocer su obra y darse a conocer como dicho autor.— Sentirse escritor y miembro de la comunidad de escritores.— Obtener feed-back y, si acaso, crear un vínculo de fidelidad con el reseñista.— Apreciar cuál es la posición de su libro respecto al resto de producciones.
— Apreciar si la obra será llama de un día o gozará de un largo recorrido.
— Apreciar en que punto está la evolución artística de sus escritos o de su escritura.
— Vender algún ejemplar.
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