REFERENTES DE
COLMILLOS DE METAL (2)
texto de Fernando Figueroa
SINOPSIS: Febrero de 1985. Cada vez aparecen más y más yonquis muertos en las calles con unas extrañas marcas. Uno de ellos es un colega y vecino de Tralla, un baterista de heavy metal y seguidor de Aleister Crowley, que tratará de desentrañar el misterio que hay detrás. Guiado por la Providencia trazará un plan para capturar al culpable, que sólo podrá llevar a cabo con la colaboración de sus amigos. Juntos o por separado, se enfrentarán al mal que anida en la noche y que amenaza con devastar Madrid. A ritmo de sexo, drogas, rock y magiak, descubriremos la historia oculta de Vallecas.
Proseguimos en la labor de desentrañar la intertextualidad de Colmillos de metal. Anteriormente hemos puesto el foco en influencias cinematográficas y televisivas, ahora veremos algunas más, entre históricas, literarias y cinematográficas, que se diseminan por los episodios de la novela.
Por supuesto, en lo que concierne al vampirismo, hay tres referentes evidentes: la condesa Erzsébet Báthory, Carmilla y Nosferatu. Historia, literatura y cine se aúnan en el propósito de enriquecer la panoplia de encarnaciones del vampirismo.
La primera es un personaje turbio a caballo del siglo XVI y XVII, una de esas sádicas, amante en exceso de la sangre, que, amparada en el privilegio y la impunidad del Antiguo Régimen, pudo mantener un imperio del horror dentro de sus dominios hasta que ya el exceso resultó demasiado insoportable como para poder tolerarse por las más altas instancias; hablamos del Emperador de turno, por supuesto. La alargada silueta de su mala sombra alcanzó Colmillos... en una parte sustancial de la trama.
El tercero es aquel sublime engendro surgido del ingenio de Friedrich Wilhelm Murnau: Nosferatu, eine Symphonie des Grauens, una adaptación visual del Drácula de Bram Stoker que le causó un pleito con sus herederos y, mucho más tarde, perder la cabeza. Por fortuna, su película no se perdió. Su huella se deja sentir en Colmillos... en el proceso como irrumpe y surge la anomalía. La idea de interpretar la anomalía como epidemia está ahí.
Así pues, estas referencias vampíricas se suman a otras anteriormente mencionadas que han afectado a la concepción de Colmillos...
En otro orden, dejando de lado el vampirismo y tocando más la parte de thriller que tiene la trama, podemos considerar el influjo de las historias de Fritz Lang, tales como las ligadas a organizaciones secretas y tramas conspirativas (Die Spinnen, 1919; Dr. Mabuse der Spieler, 1922; Das Testament des Dr. Mabuse, 1933...). Si os esperáis una novela de vampiros o de terror al uso, olvidarlo. Aquí hay mucho enredo. Enredo e incertidumbre. Así que prepararos para no fiaros ni de vuestra sombra.
En esa línea, comentaremos un referente español, El día de la Bestia (1995). No porque toque la figura de Aleister Crowley, ¡qué va!, sino porque coincide en tocar el tema de las sectas y esas organizaciones esotéricas con ánimo de lucro y de poder que pululan por el mundo a la búsqueda de incautos y oportunidades de tocar poder, poder temporal y no espiritual, por supuesto. Álex de la Iglesia y yo hablamos de la misma, mira tú por dónde, pues somos testigos e hijos intelectuales de las maniobras orquestales de los años ochenta y noventa.
Por supuesto, hay momentos de desfase entre tanta tensión sobrenatural o paranormal, como corresponde a toda obra que flirtee con la cara oculta de la sociedad y la provocación y se adscriba al pulp de autor. Así que hubo ocasión de dejar aflorar el influjo del cine de destape y su línea más hardcore, que fueron las películas de Pajares y Esteso. Alguna escenita tiene nuestro Tralla de la que pudo salir, por suerte, ileso.
Con esto, damos por finiquitada esta tanda de referencias como ilustración a los lectores que nada surge de la nada y todo tiene una genealogía dentro de la cultura de masas. Que todo creador es, ante todo, un devorador de materiales directos e indirectos con los que se nutre para dar a luz nuevas y más deslumbrantes historias que amenicen y reconforten al lector de toda educación, formación y bolsillo.
Sin más, no me queda otra cosa que desearos que disfrutéis de Colmillos de metal, la leáis de día o de noche, y aconsejaros que os tapéis el cuello tanto en invierno como en verano, por favor, para no perder el calor.
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